Estadísticas que secuestran la verdad
Hace unas semanas, en Colima, un empresario platanero fue secuestrado por un grupo armado. Eduardo Ochoa Arias era uno de los principales productores de la región, generaba empleos y tenía presencia pública. Su desaparición provocó indignación y protestas de trabajadores, familiares y de la comunidad entera de Tecomán. No fue suficiente la presencia militar en la zona. Once días después, su cuerpo apareció sin vida y con signos de tortura en una playa de Michoacán. Hasta hoy, el silencio de las autoridades evidencia, una vez más, el control de grupos criminales sobre el territorio.
Si esto le ocurre a alguien con visibilidad, recursos y capacidad de presión social, ¿qué queda para quienes no tienen nada? Mientras los casos se multiplican, el gobierno presume una baja en secuestros; pero lo único que realmente cae es su registro.
Al igual que con el homicidio, las autoridades han encontrado una forma eficaz de maquillar la realidad: reclasificando........
