El precio de la conciencia
Un conocido vivió 40 años con un tumor que nunca supo que tenía. Murió de viejo, tranquilo, sin haberse angustiado un solo día por algo que lo acompañó en silencio toda la vida. Su ignorancia fue, sin saberlo, su mejor medicina, porque nunca se enteró de que algo andaba mal y por eso nunca se martirizó. Apenas los ojos empiezan a ver, el cuerpo empieza a sentir y ahí cobra todo su peso esa frase lapidaria ‘Ojos que no ven corazón que no siente’.
Lo propio sucede con la vida social. Si no te enteras de lo que la gente habla a tus espaldas, vives en paz. Por eso, quien te lleva los cuentos te hace un mal antes que un bien. Cuando descubres que hablan mal de ti, te martirizas y, aunque tengas piel de cocodrilo y creas........
