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El naufragio

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22.06.2026

“El hombre no tiene naturaleza, sino historia.” 

“Nadie educa a nadie, los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo.” 

“El miedo es la emoción más política de todas.” 

“Las emociones nos suceden; los sentimientos los construimos.” 

Hay una pregunta que los audiolibros de autoayuda responden demasiado rápido y que la filosofía, por el contrario, lleva siglos respondiendo con honestidad: ¿qué le pasa al ser humano cuando la tierra que pisa deja de ser firme? No hago referencia al suelo metafórico de la crisis existencial de cada uno de nosotros, ese que cada generación redescubre con narcisismo. Me refiero al suelo concreto, histórico, colectivo: el de una época que ha decidido posarse en la incertidumbre como si fuera su norte.  Es cierto, vivimos, puedo decirlo sin eufemismos, en una época que nos desregula. Y esa desregulación no es política o económica; es emocional.

Detengámonos aquí un momento, porque el discurso cotidiano ha borrado una frontera conceptual que no debería borrarse: la diferencia semántica entre emoción y sentimiento. No son sinónimos, aunque se usen como si lo fueran. El neurocientífico António Damásio, en su obra El error de Descartes, propone una distinción que considero pertinente: las emociones son respuestas biológicas, automáticas, corporales —el miedo que te contrae el estómago antes de que la mente sepa exactamente por qué; la alegría que expande el pecho sin pedir permiso —. Los sentimientos, por el contrario, son las representaciones mentales de ese estado corporal, la conciencia racional que el sujeto construye sobre lo que le ocurre. Las emociones nos suceden; los sentimientos, en cierta medida, los construimos de acuerdo a ellas. Esta distinción importa en tiempos de incertidumbre porque lo primero que la crisis actual destruye es esa capacidad de elaboración. Cuando el miedo es crónico, deja de ser procesado y se convierte en ruido de fondo. Cuando la angustia es el clima y no el evento, el ser humano pierde la posibilidad de transformar la........

© El Universal