Tropelín de la Universidad
Cuando cruzamos el arco de medio punto que separa la calle del claustro, el ruido del pensamiento, el bachillerato de la universidad, siglos de sobria historia nos dejaron entrar a la Facultad de Medicina.
Sin internet, el conocimiento era un tesoro escondido en el mesie Egel, y la incertidumbre desaparecía en la verdad absoluta emanada de las elucubraciones y altisonancias de Roberto Figueroa, Arnold Puello, Miguel Guisays o Apolinar Hoyos y la investigación yacía en la biblioteca tras el cómplice y dulce rostro de Josefina Castellar.
Lo más cercano al celular eran las fotocopias y el sofisticado PDF eran voluminosos libracos y los resúmenes de aquellos que copiaban hasta la........
