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La esfinge era una Gorgona

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07.04.2026

En medio del camino de la vida Perseo se encontraba perdido en la selva oscura de Dante. Buscaba a la bella criatura mitológica que le había prometido el oráculo: la Esfinge, un centro de gravedad permanente en el que descansar sus agotados huesos de hijo de Zeus y de Franco Batiato. Un hogar en el que acabar sus días de héroe labrado en bronce oscuro y metal afilado. Imaginémoslo tal como lo representó Cellini. Como aún se le recuerda en Florencia. Glorioso en su condición de semidios y al tiempo exhausto tras tanto matar, tras tanto sufrir, tanto penar en los tenebrosos recodos de su alma atormentada. Ver a Perseo es escuchar a Bonnie Tyler, pero sólo él sabe que todo héroe en realidad no desea otra cosa que colgar el casco alado, tenderse sobre unas finas sábanas blancas y cerrar los ojos acunado en las suaves manos de la Esfinge a la que busca desesperado.

¿Dónde estará? ¿En qué lugar podré hallar a la Esfinge sin secreto en cuyo regazo finalmente yaceré? Perseo va al oeste, al final del mundo conocido, y, como si de milagro se tratara, en el fondo de una profunda cueva encuentra a su deseada Esfinge. ¿Cómo describirla? Tanta belleza sería difícil de entender. Más aún de contar. Perseo recuerda los versos de Tino Casal: pechos goma dos y nitroglicerina. Completamente desnuda, la Esfinge le mira y Perseo deja caer su espada al suelo. Aquí de nada te servirá, escucha en su cabeza. Ámame y no pienses, no atiendas a tu razón, no busques la lógica, ni el sentido. Déjate llevar por la belleza, por mi belleza, la única verdad.

Perseo se siente adormilado. ¿Será este mi hogar tan largamente buscado? Sin poder impedirlo, ve que le quitan su red de guerra y que con ella le atrapan inapelablemente. Está petrificado y a merced de quien, al alzar la mirada, ve que no es su Esfinge soñada, sino la Gorgona, la Medusa. El monstruo con serpientes por cabellos. La belleza de nuevo te traicionó, oh, triste Perseo. Antes de que le corten la cabeza y la ofrezcan como trofeo al olvido, Perseo piensa en Cellini. En la escultura cuyo contenido se ha invertido. En la virtud, la areté, que reside en una muerte como la suya que permite que la Esfinge no se vuelva prosaica esposa de un héroe súbitamente envejecido. Es mucho más hermoso que la belleza destruya a sus fieles. Que la mentira, el robo y el aborto, tantas falsedades, se cobren su vida en nombre de los nuevos tiempos, la época sin esperanza en la que todo se ha perdido. También la felicidad de los héroes caídos.


© El Universal