menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Cómo hacer el bien a través del mal

21 0
10.03.2026

La política exterior de Estados Unidos lleva una temporada siendo perfecto ejemplo de cómo hacer cosas positivas de la peor de las maneras posibles. Los casos venezolano e iraní lo demuestran de un modo palmario. Porque no creo que muchos discutan que expulsar del poder a un sátrapa como Maduro o a un asesino de su pueblo como Jameneí no sea algo bueno. Ahora bien, hacerlo mediante bombazos, llevándose por delante a civiles inocentes, ignorando el Derecho Internacional (y el interno de los propios EE. UU.) y desestabilizando zonas enteras del mundo, nadie en su sano juicio puede verlo como algo bueno. Por los motivos que sea, Trump le ha cogido el gusto a eso de intervenir en la vida interna de otros países de manera agresiva, y no parece que haya nadie capacitado, ni dispuesto, para impedirlo.

Quizá todo sea por ocultar la fuerte marejada provocada por los papeles de Epstein. Quizá por demostrarle a China y a Rusia quién es el que manda y ganarles sucesivas casillas en la gran partida mundial de ajedrez. Quizá la única razón de fondo sea el tan viejo motivo del petróleo y el control de los recursos naturales. O, tal vez, sea todo junto. O, tal vez, no sea nada, porque con Trump nadie sabe realmente sus razones y a lo mejor el caos internacional de los últimos meses se deba exclusivamente a los caprichos y antojos de un anciano al que le va quedando cada vez menos en este mundo y quiere irse de él dejando un legado o, simplemente, demostrando hasta el último momento, que lo que le falta de juventud, le sobra de poder bruto.

Sean cuáles sean las razones, ayer fue Venezuela, ahora es Irán y mañana puede ser cualquier otro. Tiranos del mundo, prepárense. ¿Conseguirá alguna de estas acciones mejorar la vida de los ciudadanos de los países agredidos? No lo sabemos. Puede ser que la pérdida del presidente bolivariano y del ayatolá lleve la democracia a sus países. O no. La democracia no es algo tan sencillo como para aparecer espontáneamente donde el día antes había despotismo. No es un depósito de agua que liberado del tapón del tirano se derrame de inmediato. Bien pudiese pasar que no pasase nada y que todo esto sólo sirviese a los intereses de Trump. Ni tan sólo a los de EE.UU., sino a los de Trump personalmente. Y eso sí que no sería propio de una democracia. Eso, aunque haya elecciones periódicas, se parecería cada vez más a las dictaduras a las que se bombardea. No todo aquello que hace algo bueno está justificado.


© El Universal