Entre la pluma y el plomo
El viernes 12 de junio, tres días antes de su muerte, el caricaturista ruso Semión Skrepetski posó frente a la embajada de su país en Berlín, con uno de sus dibujos —una parodia de un ícono ortodoxo donde aparecía Stalin cargando a Vladimir Putin como a un niño de brazos—. Además, tiró a la basura una bandera rusa. El lunes siguiente, fue acribillado en el parqueadero de su casa, en la ciudad polaca de Biala Podlaska. Le propinaron cinco tiros; tres de ellos a quemarropa, cuando yacía en el piso. Tenía 44 años, estaba exiliado desde 2021 en Polonia, y no le temblaba el pulso para dibujar a Putin ni a sus títeres Aleksander Lukashenko, de Bielorrusia, y Ramzán Kadírov, de Chechenia.
(Le puede interesar: Confesión de mediocridad).
El principal sospechoso del asesinato no es un sicario novato; es un tipo de 36 años, capturado cerca de Varsovia, con pasaporte georgiano —tal vez falso—, y vínculos con bandas organizadas. La semana pasada la fiscalía polaca lo acusó de participar en 2022 en otro........
