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Dar consuelo y auxilio

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16.03.2026

Los moradores de este mundo tenemos que reorientarnos para entrar en sintonía con lo armónico y avivar de este modo reencuentros y no encontronazos, ofreciendo escucha, refugio y ayuda. Necesitamos guardar silencio y extender miradas que acaricien heridas en ocasiones hostiles. De ahí la importancia de que todos los Estados cumplan estrictamente sus obligaciones en virtud del derecho internacional humanitario, actuando de forma responsable y conjunta, para alejarnos del abismo en el que nos hallamos.

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Hay que bajar de las alturas del absolutismo. Comencemos por oírnos desde el respeto y la consideración hacia toda existencia. Sería injusto obviar latidos, la vida es una conjunción de pulsos que han de armonizarse con el amor, para que los vínculos no se desmoronen y puedan cruzarse las miradas sin lastimarse. Desde luego, no hay mayor gozo que donarse para que cesen las hostilidades.

Quizás tengamos que trabajar mucho más en el camino del servicio y huir del afán dominador.

No son los artefactos, sino el diálogo y las negociaciones, el único modo de resolver las discrepancias. Tampoco olvidemos que cuando la fuerza sustituye a la ley, impera la barbarie y se globaliza la bestialidad. Pongamos, pues, oídos en lo que nos dicen y en lo que decimos. Es cierto que cada uno de nosotros crece en una realidad social. Por eso, es vital saber comprenderse y entenderse. En consecuencia, estar presente en la vida de los demás significa dejarse acompañar, compartir tiempo, experiencias y horizontes.

Está visto, nada somos por sí mismos. Es cuestión de desarmarse y de poner alma en todo lo que forjamos, en vez de armas. Quizás tengamos que trabajar mucho más en el camino del servicio y huir del afán dominador. Es, entonces, cuando entramos en la desorientación con todo su aluvión de males y maldades, que nos dejan sin corazón. Por desgracia, en demasiadas ocasiones caminamos desconcertados, hundidos en un laberinto de vacíos y vicios.

Indudablemente, requerimos que todas las prácticas se pongan bajo el dominio bucólico del espíritu, que la agresividad y los deseos perturbadores se paralicen con la fortaleza de la composición; que la inteligencia y la voluntad se fusionen con los mejores sentimientos. Bajo esta perspectiva de custodia todo cambiará para bien, para que nuestro orbe, que sobrevive entre contiendas, desequilibrios y consumismo, pueda recuperar la poesía.

corcoba@telefonica.net

(Lea todas las columnas de Víctor Corcoba en EL TIEMPO, aquí)


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