Un capital dilapidado
Parecen ya tiempos lejanos aquellos en que las intervenciones gringas en el extranjero se justificaban en nombre de grandes ideales: la libertad, la democracia, la contención del totalitarismo, etc. Eran, a menudo, verdades a medias: en realidad, los intereses de Estados Unidos siempre iban primero. Pero incluso esa hipocresía tenía algo positivo: obligaba a rendir homenaje, aunque fuera retórico, a ciertos valores.
LÉELA PRIMERO
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Bajo Trump, ese ropaje ideológico ha desaparecido. En su reemplazo, hay una actitud abiertamente transaccional. No se trata de promover la democracia ni de derrocar tiranías, sino de asegurar recursos naturales estratégicos y ventajas geopolíticas, con el respaldo de regímenes colaboracionistas, que estén dispuestos a recibir órdenes del Tío Sam.
El caso venezolano sirve de ejemplo. Para Washington, hasta hace poco, el régimen chavista que gobierna en Caracas era un antro de malhechores. Hoy, salvo que faltan........
