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La JEP no es intocable

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El acuerdo suscrito entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc cargará para siempre con un pecado original: el desconocimiento de la victoria del ‘No’ en el plebiscito. El santismo alega que las objeciones de la oposición fueron escuchadas e incorporadas al acuerdo final. Pero hay un hecho insubsanable: ese segundo texto no pasó por la refrendación popular que Santos había prometido como garantía de legitimidad, sino que fue refrendado por el Congreso. En otras palabras, el acuerdo, tras ser rechazado en las urnas, fue aprobado bajo reglas de juego distintas a las prometidas. De ese atropello a la democracia surgió gran parte de la polarización política que aqueja al país desde entonces.

LÉELA PRIMERO

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Sin embargo, pese a la tacha de ilegitimidad, la sociedad acabó por normalizar, mal que bien, las instituciones derivadas del acuerdo. Estas gozan, además, de un blindaje jurídico impenetrable, salvo por medio de reforma constitucional. Por eso, a estas alturas, insistir en desmontar la Jurisdicción Especial para la Paz........

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