El espejo que Colombia evita
El Mundial es una de las pocas ocasiones en que Colombia se atreve a mirarse sin filtros. Durante unas semanas celebramos ser un país de regiones, de acentos distintos, de pieles múltiples, de historias atravesadas por desigualdades y resistencias. Reconocemos, sin decirlo del todo, que esa mezcla es hermosa y también necesaria: es ella la que nos permite competir, ganar y posicionarnos en el mundo.
En el fútbol toleramos lo que en la vida diaria incomoda. Durante el Mundial nos reconciliamos, convenientemente, con el espejo: aplaudimos a esa Colombia diversa, naturalizamos lo que siempre ha estado ahí, como si millones de personas no existieran más allá del estadio. Pero termina el partido y vuelve la amnesia. ¿Cuáles negros? ¿Cuál Pacífico? ¿Cuál Chocó? Afuera del estadio parece que no existiéramos, siendo millones. Nos emocionamos con Arias, el orgullo de Quibdó; con Campaz, desde Tumaco; con Puerta, desde La Victoria; con Luis Suárez y esa Santa Marta que también es negra e indígena; con Dávinson y Caloto;........
