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El duelo engendra una tragedia inmortal

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21.02.2026

Hamnet (2025), preciosa y dolida cinta británico-estadounidense, con ocho nominaciones a los premios Óscar: mejor producción del año –Steven Spielberg y Sam Mendes, entre otros–, dirección de la primera cineasta oscarizada de origen asiático (Chloé Zhao), sensible guion coescrito y adaptado por su novelista Maggie O’Farrell, actriz principal favorita (la joven irlandesa Jessie Buckley), música original del compositor alemán Max Richter, dirección de arte, diseño de vestuario y mención honorífica para su elenco. Previamente, Globo de Oro al mejor drama y, según los críticos estadounidenses, la película del año.

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Guion original, perfecto, alrededor del doloroso relato familiar sobrellevado por el dramaturgo William Shakespeare y su esposa Anne Hathaway (Agnes). Ficción histórica sobre la vida familiar íntima del dramaturgo inglés de trascendentales tragedias cortesanas, entonces de 30 años. Hamnet, el luminoso hijo único de Will y Agnes, fallecido a temprana edad; sus padres, según investigaciones, se casaron muy jóvenes: –él de 18 y ella ocho años mayor–.

Representación inusual de miserables condiciones de vida en la Inglaterra de 1600; puesta en escena de cuadros de época, con tristes situaciones que pesaron sobre una esposa a la distancia. El marido escribía sus primeras piezas a la luz de una vela, dejaba su casa en el bosque para montar las primeras obras en algún modesto teatro londinense –descuidaría entonces sus deberes de padre y marido–. Pasan los días y su pasión por la tragedia culmina con el estreno triunfal de Hamlet, en la inauguración del legendario teatro de madera Globo Original.

Un epígrafe explica la posible confusión por el parecido del nombre con su título teatral: porque “la muerte del niño Hamnet es la creación de Hamlet”, el príncipe atormentado (de Dinamarca). Aunque se trata de una ficción familiar y discreta recreación social del máximo dramaturgo inglés de todos los tiempos, según los historiadores literarios sí se respetaron tiempos y circunstancias de época, modo y lugar.

En efecto, tomemos nota: entre 1599 y 1601, Shakespeare escribió Hamlet; cuando el pequeño heredero muere, era 1596, y el Globo, a orillas del Támesis, albergó a su compañía teatral. Se presentan constantes narrativas que adquieren valor simbólico: el bosque como residencia natural, un halcón de mascota para Agnes, peste implacable, partos tenaces y el oficio de curtiembres o guantes de cuero para el sustento diario. Entonces, una novela pseudohistórica vuelve al cine epopeya teatral y desgarradora historia de amor.

Hamlet, el príncipe atormentado (Sir Kenneth Branagh, 1996). En una corte nórdica, el fantasma del padre asesinado deambula por un bosque brumoso; su amada Ofelia, de pasión desbocada, no se compadece con la sed de venganza del infortunado delfín. Se esclarece un complot fratricida, la institución tambalea entre trágicos acontecimientos y el reino descompuesto exige asumir responsabilidades militares. Un cuadro maníaco-depresivo y la falsa demencia acentúan los monólogos interiorizados de Branagh, quien sobresale por el dominio psicológico del carácter protagónico.

Tierra nómada (Nomadland, 2020). Escrita, editada y coproducida por Chloé Zhao –nacida en Beijing–. León de Oro en Venecia, Óscar a mejor película y actriz principal (Frances McDormand). Viuda trabajadora, pierde su trabajo y abandona el invernal pueblo afectado por los colapsos industriales e inmobiliarios del 2008. Durante varios meses, conduce sola y con libertad una furgoneta adaptada como casa rodante; atraviesa territorios desolados, escasamente poblados del norte y centro oeste del llamado ‘corazón americano’. Desempeña labores domésticas y de reciclaje en parqueos autorizados para personas mayores que, por crisis económicas y planes solitarios o de pareja, van por la carretera para conocer gentes, costumbres y paisajes desérticos no comunes en el cine de Hollywood. “No tengo casa como tal, pero no soy ninguna indigente”, aclara.

maulaurens@yahoo

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