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Y se llora de belleza

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27.02.2026

Una muy calificada gestora cultural con visión, gestión y compromiso, y figura clave en la historia del Coro Nacional de Colombia, al punto de consolidarlo como una de las instituciones culturales de mayor impacto artístico y social en el país, la maestra Liliana Fuentes, fue nombrada directora de la Asociación Nacional de las Artes (ANA). El sector cultural celebra esta designación con la que se afianza el compromiso con el crecimiento, la excelencia y el quehacer artístico y cultural de Colombia. Aplausos para quienes hicieron este nombramiento y nuestros mejores deseos para ella en su labor.

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Hace unos días, en Bogotá, se presentó un espectáculo musical que, por su alta calidad estética y el indiscutible talento de sus protagonistas, se quedó sin duda en el corazón de los afortunados del público que lo pudimos apreciar.

En el Teatro Mayor se inició la Temporada Lírica 2026 con una fantástica producción de la ópera El holandés errante, creada con música y libreto del genial alemán Richard Wagner. Trata de un hombre condenado para siempre a navegar por los océanos hasta encontrar el verdadero amor.

Es en verdad un orgullo hacer parte de la audiencia en estas funciones. Anota su excelente director escénico, Marcelo Lombardero, que esta música habla por sus personajes y que cambió para siempre la manera de percibir una puesta en escena, ya que introdujo por primera vez la práctica de la profundidad psicológica y, desde ese punto de vista, es una obra revolucionaria en su lenguaje de texto y armonías. Una ópera que, por lo mítica, pertenece al género fantástico. Senta, la mujer eternamente fiel, se enamora de un fantasma al que tiene que redimir a partir de su propio sacrificio, ya que no soporta más el entorno patriarcal que la rodea. Un lugar marino y frío es el escenario en el que se desarrolla el argumento.

Hernán Iturralde, Betty Garcés, Valeriano Lanchas y Ana Mora, protagonistas principales, cantaron sin cometer falla alguna.

Esta versión se concentra bastante en la expresión teatral, en la multimedia, las proyecciones y los efectos visuales. La Orquesta Filarmónica de Bogotá estuvo impecable en su interpretación, dirigida con control de dinámicas de volumen, que no opacaron a los cantantes, por el maestro Stefan Lano, quien le dio vida al intento wagneriano que él mismo se propuso: “Buscar la verdad dramática en el teatro lírico, combinando el poder de la prosa con la intensidad emotiva de la música”.

Hernán Iturralde, Betty Garcés, Valeriano Lanchas y Ana Mora, protagonistas principales, cantaron sin cometer falla alguna que los alejara de la precisión vocal requerida en la partitura. Técnica, fraseo y dicción entrenados con la disciplina requerida a los grandes artistas líricos. Sus carreras internacionales no tienen freno en este momento. Que nuestros mejores augurios los acompañen hoy y siempre. Para el resto de los intérpretes, que se destacaron con sus talentos, más aplausos. Muy poco ayudó la vestuarista Luciana Gutman a Senta como mujer ideal, que debe serlo también de belleza y elegancia. Poco control en la gestualidad de su cabello, movimiento distractor de su impecable emisión vocal.

El Coro Nacional de Colombia, con su directora titular, Diana Carolina Cifuentes, y su asistente, Jeison Segura, demostró, en su tarea wagneriana, que sienta pautas ejemplares de disciplina al buscar un timbre propio y un color de canto que ya empieza a determinar su personalidad colectiva vocal. En tres años, el progreso de este instrumento musical es indiscutible.

Una señora a la salida afirmó: “Se llora de belleza en esta ópera”. Y fue así, y son estas las lágrimas que tendríamos que ahorrar para el arte y sus artistas en nuestro país.

(Lea todas las columnas de Martha Senn EL TIEMPO, aquí)


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