Lo que no queremos ver
Somos un país de más de cincuenta millones de personas que habitamos el mismo territorio, pero no necesariamente la misma nación. Cada quien vive en su propio relato, en su propia burbuja emocional, simbólica y geográfica. Y desde allí aprendimos a mirar solo una cara de la moneda, como si la otra no existiera.
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No es casual. El cerebro humano tiende a aferrarse a lo que confirma sus creencias y a evitar lo que las incomoda. Así se construyen nuestras zonas ciegas.
Uno de los puntos ciegos del relato de la izquierda está en su dificultad para confrontar ciertos resultados. Modelos que inspiraron su pensamiento terminaron –en la práctica– en crisis profundas, como ocurrió en Cuba y Venezuela. En ambos casos, hay un patrón difícil de ignorar: economías estancadas, empobrecimiento progresivo, restricción de libertades individuales, instituciones debilitadas, deterioro de servicios básicos y migración masiva.........
