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La fábula del tigre y la paloma

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22.03.2026

La moraleja es clara: solo si el tigre y la paloma no se asumen como enemigos sino como aliados podrán salvar el bosque amenazado por especies que pueden destruir no solo al bosque mismo, sino a todos los tigres, a todas las palomas y a todas las especies afines.

Y aun cuando tigres y palomas son especies distintas, muy distintas, tienen, sin embargo, un enemigo común, un mismo enemigo que solo podrá triunfar si la paloma y el tigre se distraen peleando entre ellos.

Aunque no fue Esopo, ni La Fontaine, ni Samaniego, ni siquiera nuestro propio fabulista Rafael Pombo quien escribiera este relato, pues la fábula casi que se cuenta sola, lo cierto es que más allá de las acechanzas de burros tercos, lagartos camuflados, reptiles constrictores, loros insidiosos, roedores rastreros, alacranes ponzoñosos y anfibios venenosos que se multiplican en épocas de campaña, solo el ánimo sereno del tigre y la paloma para no dejarse perturbar, ni morder anzuelos podrá conducirlos a la conquista del objetivo superior.

El tigre y la paloma se necesitan. Se complementan. Suman destrezas y se suplen recíprocamente en sus carencias. La suma de la fortaleza en tierra con la habilidad para levantar vuelo los hace, en llave, casi invencibles.

En cambio, cada uno por su lado –sin desconocer los atributos que le caben a cada cual– serán presas fáciles de quienes hoy controlan el bosque.

El tigre y la paloma tienen que poderse juntar en el momento clave al que deben llegar, cada uno por su propio lado y por sus propios medios.

Pero hay un momento en la carrera, uno determinante y exacto, en el que tienen que converger, coincidir y unirse en una simbiosis definitiva, adoptando entre los dos la capacidad de privilegiar el objetivo común que los une por encima de todo lo que los separa.

Si lo logran podrán salvar el bosque y a todas sus especies. Y podrán salvarse ellos mismos. Y tendrán sentido sus gestas y batallas.

Si no lo logran, adiós bosque, adiós tigre, adiós paloma.

En los epitafios de la historia dirá que no se pudo salvar el bosque porque pudieron más las provocaciones de otras especies y las vanidades que la voluntad del tigre y la paloma.

* * * *

La pregunta que muchos se hacen hoy es tigre o paloma. La pregunta para quienes quieren “salvar el bosque” no está bien formulada porque conduce a una respuesta excluyente. Aquí la cosa es tigre más paloma o paloma más tigre. No es tigre o paloma.

Es tigre y paloma.

Las encuestas que se han divulgado recientemente dejan, todas, una gran lección: tigre y paloma se van a necesitar porque en segunda vuelta solo queda un cupo para uno de los dos.

Si para ganar ese cupo en primera vuelta el tigre le corta las alas a la paloma y la deja fuera de circulación, en segunda vuelta estará condenado a la derrota, pues no tendrá ni qué sumar ni quien lo apoye.

Y si es la paloma quien para ganar el cupo para segunda vuelta le arranca las garras al tigre, no tendrá ya quien la acompañe en la recta final.

Así son los sistemas de doble vuelta. Paradójicos. Porque los rivales de hoy deben ser aliados mañana. Y si se causan heridas irreparables hoy no habrá alianza posible mañana. Por eso, así, se han perdido muchos bosques.

Veremos la evolución de la campaña para establecer quién refuerza a quién y en qué momento.

Ante lo improbable que resulta que a segunda vuelta pasen los dos, el tigre y la paloma, más vale que no se destruyan tempranamente.

No es el tigre el depredador de la paloma. No es la paloma la enemiga del tigre.

Y si alguna duda les queda, recuerden la moraleja principal del anecdotario político... las elecciones se ganan sumando y no restando sobre todo cuando en el bosque merodean tantos lobos desenfrenados con piel de lobo y tantos lobos agazapados con piel de oveja.

JUAN LOZANO

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