Escribir el pasado
La semana pasada murió en Bolonia, a los 87 años, Carlo Ginzburg, quizás el historiador más importante e influyente del mundo, autor de muchos libros brillantes y reveladores pero sobre todo de uno que se publicó en 1976 y que muy pronto se volvió no solo un clásico de la historia sino también de la literatura, podría decirse, El queso y los gusanos, la vida de un molinero friulano al que llamaban ‘Menocchio’, quemado por la Inquisición, cual hereje, en 1599.
El nombre y la fama de Ginzburg están asociados a una corriente de la historia que se llama la ‘microhistoria’: la idea de que el pasado se puede desentrañar mejor, muchas veces, con lupa y telescopio, como si sus principales claves estuvieran no en las grandes biografías de los grandes personajes, sino en la vida en apariencia intrascendente y anónima de quienes arrastraban, a duras penas, como una proeza no menos épica, el peso de su cotidianidad.
En ese sentido, decía Ginzburg, el historiador........
