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La economía política de la integración

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27.04.2026

Nuestras principales fronteras, con Ecuador y Venezuela, han sido noticia en las últimas semanas. En elementos comunes para su análisis se constituyen los aspectos relativos a la seguridad (grupos irregulares, tráfico de estupefacientes y la minería ilegal), así como los temas económicos y comerciales.

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La relación con el Ecuador se encuentra signada por diferencias ideológicas y de seguridad. Se adopta como estrategia de retaliación por parte del país hermano aumentar los aranceles, con una respuesta similar en nuestro país, lo cual ha implicado de facto un cierre de las fronteras para el intercambio de bienes.

Eso ya lo vivimos en la larga noche del cierre de la frontera con Venezuela, cuyas consecuencias son bien conocidas: deterioro de los indicadores sociales, aumento de la delincuencia, el contrabando y, afectación del sistema productivo con las consecuencias en la frontera sobre el empleo y el bienestar. Se cierra toda posibilidad de diálogo para la búsqueda de una solución negociada y, el presidente Noboa anuncia que no habrá ningún acuerdo hasta conocer el resultado de las elecciones en Colombia.

De otra parte, la relación con Venezuela evoluciona positivamente en lo económico, en seguridad y en las fronteras. La comisión de vecindad realizada la semana pasada diseñó una hoja de ruta ordenada, y la cumbre de los presidentes significó el reencuentro con un diálogo constructivo, con compromisos ciertos.

En el país vecino se respira un ambiente de “certidumbre” económica, basado principalmente en la recuperación de la explotación de sus reservas naturales y en el rápido aumento de la industria petrolera y el incremento excepcional, en cantidades y valores, de sus exportaciones.

Es una nueva oportunidad que se gesta a partir de la crisis para fortalecer la integración y hacer realidad el sueño del Libertador.

Las medidas que eliminan restricciones de la Ofac crean un nuevo marco comercial y de inversiones. Hasta ahora, las licencias que se han expedido han beneficiado en lo sustantivo a empresas norteamericanas, europeas y sus subsidiarias, así como a aquellas en que la propiedad del Estado venezolano no supere el 51 % de la propiedad. Pero, de otra parte, es inminente el otorgamiento de licencias específicas que permitirían la participación de proveedores de empresas colombianas en empresas públicas como PDVSA y entidades vinculadas, así como en las ya otorgadas en las compañías multinacionales. A lo anterior habría que agregar la recuperación en otros sectores, puesto que la mayoría de la economía venezolana no se encuentra sujeta a sanciones.

Aunado a lo anterior, el levantamiento de las sanciones al Banco Central de Venezuela significará su incorporación al sistema financiero internacional, la recuperación del Swift y el acceso a los recursos en el FMI, el Banco mundial y en otras instituciones internacionales, así como la descongelación de los recursos propiedad del Gobierno venezolano.

El suministro de gas hacia Colombia a precios competitivos será una realidad para nuestro país en un plazo no muy lejano. De otra parte, la producción de fertilizantes, una vez se expidan las licencias respectivas (Monómeros), contribuirá a paliar los efectos del incremento de los precios, producto de las guerras, para el sector agrícola en nuestro país.

Empresarios de las fronteras han adelantado la identificación de esquemas de complementación industrial y productiva de bienes, cooperación energética, infraestructura y logística, servicios de valor agregado y turismo, para desarrollar coinversiones que permitan un mayor intercambio, la promoción de exportaciones conjuntas, el desarrollo de la capacidad humana y el empleo.

Es una nueva oportunidad que se gesta a partir de la crisis para fortalecer la integración y hacer realidad el sueño del Libertador. La desafortunada situación entre Ecuador y Colombia es simplemente un desperdicio.

(Lea todas las columnas de Germán Umaña en EL TIEMPO, aquí)


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