Culpar al colegio es lavarse las manos
Lo confieso. Soy culpable de querer que se prohíba de manera tajante llevar el celular a los colegios, o al menos en el que estudian mis hijas. Pero al mismo tiempo reconozco que es una batalla casi imposible de ganar. No solo porque las instituciones difícilmente cuentan con la logística para hacer cumplir una medida semejante, sino porque los mismos padres encontramos titánico ponerles límites reales a nuestros hijos. No es falta de voluntad, es que los niños y adolescentes siempre encuentran la manera de saltarse la norma. Y no nos digamos mentiras, los papás de hoy no somos tan estrictos como lo fueron los nuestros.
Aunque el celular tiene aspectos positivos innegables, como la posibilidad de comunicarse ante una urgencia familiar o apoyarse en ‘apps’ útiles, cada vez estoy más convencido del daño silencioso que causa en el desarrollo mental de los jóvenes. No se necesitan maestrías ni mil investigaciones para deducir que nada bueno puede salir de un cerebro en plena formación sometido a seis o........
