“Prioridad nacional”: mucho alambre de espino para tan poco jardín
Opinión “Prioridad nacional”: mucho alambre de espino para tan poco jardín
¡Ya está aquí, ya llegó la patrulla patriota! Directamente reciclada del lepenismo francés que lleva dando la matraca con lo mismo desde los años ochenta, llegó la “prioridad nacional” de allende los Pirineos para insertarse en los pactos de gobierno entre el PP y Vox, enredar la agenda mediática y contaminar las conversaciones en los bares. Hay quienes solo se acuerdan de los servicios públicos o de la protección social para instrumentalizarlos en su narrativa racista. Lo de mejorarlos o dotarlos de recursos, eso nunca es prioritario.
Los mismos que alargan las listas de espera desfinanciando la sanidad pública, luego suministran a la gente que desespera por el miedo a enfermar, el placebo de culpar a otros por necesitar que se les cuide en el territorio que no les toca, poniendo fronteras al derecho la vida, tachando de despilfarro la universalidad. Dicen que “no hay para todos”, pero para los accionistas de las empresas sanitarias que se arriman a chupar del maná de la externalización nunca falta. El discurso de la escasez es un conjuro para que las personas nativas acepten embrujadas el robo de lo común, mientras disputan con quienes llegaron después las últimas migajas.
Esos que llamaron al ingreso mínimo vital paguita, quienes racanean rentas mínimas y ayudas de emergencia, quienes perpetúan una protección social ineficaz que deja a la mayoría en la intemperie, hacen ahora alharacas y aspavientos mientras pujan por poner a los españoles primero aunque solo sea para llegar al “casi nada”. A esos que dicen que el mejor sistema de protección social es el trabajo mientras combaten contra cualquier subida del salario mínimo, ahora les preocupa priorizar que sean los españoles quienes accedan a puestos de trabajo cuyas condiciones no parecen preocuparles tanto.
Por eso insisten tanto en la migración, porque en su agenda nunca estará proteger a nadie de la explotación laboral o inmobiliaria, del vaciamiento de los servicios públicos, de los fondos de inversión que acuden a la llamada de forrarse a costa de la sanidad, la educación, las residencias, la vivienda o de cualquier necesidad social de la que se pueda extraer plusvalía si se tienen las relaciones adecuadas con el patriota adecuado, para eso nunca miran el pasaporte.
Tanto en los ochenta como ahora, el sospechoso habitual de agravar la escasez y hacer la vida de las “personas de bien” incierta, es el de siempre, el “otro” convenientemente señalado. Y mientras con una mano, el poder apunta al forastero —o a quien se lee como tal— poniéndolo en el foco de cualquier........
