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De invasores, fronteras y cuerpos sacrificables

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18.08.2026

Opinión De invasores, fronteras y cuerpos sacrificables

Hay palabras que no solo describen la realidad. También la producen. Y la palabra “invasión” es una de ellas.

Cuando se utiliza para hablar de personas que migran, no estamos simplemente escogiendo un término neutro. Estamos cambiando el marco desde el que miramos esas vidas. Dejamos de hablar de personas que se desplazan por unas determinadas condiciones materiales, históricas y políticas, y pasamos a hablar de una amenaza. De cuerpos que llegan. De cuerpos que ocupan. De cuerpos que supuestamente ponen en peligro algo.

Y cuando un cuerpo es construido como amenaza, determinadas respuestas empiezan a parecer normales. La vigilancia deja de ser excepcional. La militarización deja de ser una decisión política y pasa a presentarse como una necesidad inevitable. La violencia deja de ser una violencia ejercida sobre personas concretas y empieza a justificarse como una defensa frente a un peligro amplio.

Por eso el problema no está solamente en la palabra. Está en todo lo que permite. En todo lo que evoca.

La palabra “invasión” transforma un fenómeno social en un problema militar. Desplaza la mirada desde las causas, las trayectorias y las condiciones que explican la movilidad humana hacia una lógica de defensa frente a un supuesto enemigo. Cuando la migración es interpretada bajo un marco bélico, las personas dejan de aparecer como sujetos con historias, derechos y proyectos de vida, y pasan a ser representadas como una fuerza externa que debe ser contenida. De esta manera, una cuestión profundamente política, económica y social comienza a gestionarse desde categorías propias de la seguridad, amenaza, control, vigilancia y protección del territorio. Porque ante una invasión hay que prepararse, hay que armarse.

No existe una única manera de construir una frontera. Existen decisiones políticas que producen consecuencias determinadas

La frontera no es únicamente una línea geográfica. Es un modelo político. Una forma concreta de organizar quién puede moverse, quién puede entrar, quién puede quedarse y bajo qué condiciones. No existe una única manera de construir una frontera. Existen decisiones políticas que producen consecuencias determinadas.

Y cuando esas consecuencias son muertes recurrentes, no estamos ante un simple fallo del sistema. Estamos ante el resultado de un sistema que funciona bajo unas determinadas lógicas. Las muertes en Ceuta no pueden entenderse como un hecho aislado. Las más de 141 vidas quebradas, entre ellas niños y niñas, no son una cifra más dentro de una estadística migratoria. Son vidas concretas perdidas dentro de un modelo de frontera que sigue produciendo muerte y que, además, continúa sin generar responsabilidades políticas proporcionales a la magnitud de lo ocurrido. Y........

© El Salto