La razón por la que Gaza, Colombia o Ceuta realmente no te importan
Opinión La razón por la que Gaza, Colombia o Ceuta realmente no te importan
Quizá estés cansado de las banderas palestinas, de las campañas de donaciones para Venezuela, Colombia o Nepal, de los actos de reivindicación saharaui. Tantas luchas, tantas catástrofes, y pareceque nunca llegamos a todos los incendios. Es casi un tabú decirlo, pero los grandes temas de nuestro tiempo nos dejan de importar con rapidez. Nos cansamos de escuchar el sufrimiento ajeno y acabamos metiendo la cabeza en la tierra, como un avestruz, cuando nos inundan de víctimas, daños y urgencias.
No, no es falta de carácter. Es un asunto de economía, aunque no de la que imaginas. La solidaridad es un recurso, uno limitado. Piensa en la escena más habitual. Aparece un titular sobre una catástrofe y casi todos reaccionamos, con intriga, curiosidad o morbo. Después llega el punto de quiebre: comprometerse o ignorarlo. Si estás leyendo esto, probablemente te cuentas entre los primeros, pero cuidado, tiene truco. El compromiso inicial se alimenta de entusiasmo y buenas intenciones, y conviene desconfiar de la buena voluntad. No porque sea ilegítima, sino porque suele prometer más de lo que logra.
Os planteo un ejercicio. ¿Por cuál de estas causas te has movilizado, o al menos te has puesto a investigar, en los últimos meses? La guerra de Ucrania, la limpieza étnica en Birmania, la explotación de trabajadores migrantes bajo el sistema de kafala en los países del Golfo, la mutilación genital femenina, la persecución de migrantes en Estados Unidos, los brotes de ébola en el Congo, la censura de la prensa en El Salvador, Nicaragua o Irán. Quizás unos te suenen, quizás otros no, es normal. Hay causas que reconoces como relevantes y que, aun así, sientes que te importan menos que otras cosas. Y de ahí surge la pregunta: ¿existe una escala de prioridades para la empatía?
La respuesta corta es sí, pero usualmente no es racional o consciente. La compasión es muy sensible a la emoción, a la identificación y al sesgo ideológico. Nos conmueve más una víctima con nombre y rostro que una multitud abstracta contada por centenares o miles. Y la distancia, cultural o geográfica, solo lo empeora. Luego de la invasión a Ucrania, la Unión Europea activó en 8 días un sistema de protección temporal automática para quienes huían. A quienes escapan del Sahel y llegan a Lampedusa o Ceuta les toca la ventanilla del asilo individual. Ambos conflictos tienen consecuencias directas para Europa, pero uno se sintió para muchos como un ataque a “gente como nosotros”. A esto se suman las burbujas ideológicas en las que vivimos y los criterios de los medios y algoritmos sobre qué merece ser “un asunto importante”[1].
Alguien podría objetar que todo esto es solo falta de cultura o de una empatía más profunda en la que debemos trabajar. La........
