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Más despacio, por favor

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Opinión Más despacio, por favor

La escena se repite a diario. Mensajes y mensajes que se acumulan en la bandeja de entrada, listas de tareas que desbordan antes si quiera de alcanzar a cumplirlas, compromisos que aguardan su turno en una agenda ya inútil por sobrecargada y plazos que se multiplican y superponen sin poder hacer nada por evitarlo. Otra vez la maldita contractura en el cuello, la punzada en la boca del estómago, la respiración que se acelera… Y vuelta a empezar. De nueve a cinco. De lunes a viernes. De septiembre a agosto. Y cuando acaba el trabajo, toca enfundarse el disfraz de doer.

¿Aún no has visto la última peli de [inserte aquí el nombre o la plataforma del momento]?, hay que moverse, preparar un hyrox, 10.000 pasos –mínimo– al día, uf, medita, te veo estresada; ¿has probado a ir a pilates?; compra y cocina para toda la semana, ¡ah!, y acuérdate de la dichosa proteína… Una espiral de tareas, siempre pendientes, que nos hace correr agotados de un lado a otro y acabar nuestros días pegados a una pantalla, preguntándole a la IA qué nos pasa, incapaces de nombrar el malestar que nos atraviesa y alimentar los vínculos que nos constituyen. La falta de tiempo como símbolo de estatus, dicen.

Y esa cantinela se expande desde el trabajo a nuestra propia vida, donde en lugar de rendirnos, descansar y sucumbir a la inacción, nos dedicamos a seguir haciendo sin descanso. Otra vez ese Pepito Grillo que nos exige más y más y que se cuela, machaconamente, en los espacios más íntimos y recónditos, donde........

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