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Abregú

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15.03.2026

Abregú vivía en un barrio donde las mujeres habían hecho un centro comunitario. Un barrio con calles de tierra que, cuando llovía, se transformaba en un barro que se quedaba agarrado a los zapatos. Casas hechas a retales de materiales de construcción. Un canal con agua a la que le costaba circular, lleno de cosas que ya no le servían a nadie. Un barrio sin centro de salud ni servicio de recogida de basura ni biblioteca.

Al centro comunitario, cada día, acudían mujeres de distintas edades dispuestas a cocinar. Unas horas después llegaba un tropel de niñas y niños en busca de lo que sería, casi seguro, su alimento más completo del día.

Esas mujeres preparaban la comida de manera colectiva en la cocina comunitaria porque sabían que hacerlo de este modo era, también, una manera de entrenarse para combatir un orden de las cosas que se arrojaba con violencia sobre sus cuerpos.

Abregú llegaba un poco más tarde que todas ellas. Caminaba como caminan las personas que ya han vivido muchos años y que nacieron en barrios sin aceras y con caminos llenos de baches. Se encargaba de limpiar los tablones que hacían de mesas después de que las niñas y los niños terminaran de rebañar los platos. Ponía........

© El Salto