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Fascismo en la universidad: exigimos una mejor financiación, pero también el cese de la represión

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Opinión Fascismo en la universidad: exigimos una mejor financiación, pero también el cese de la represión

Profesor de filosofía del derecho y miembro de CGT en la UAM

Los próximos días 4 y 5 de noviembre, las seis universidades públicas madrileñas iremos a la huelga una vez más. Esta convocatoria se suma a las que ya hicimos el año pasado (28 de abril, 26 y 27 de noviembre) y se integra, por supuesto, en el amplio ciclo de movilizaciones que comprende la larga huelga de las educadoras infantiles, el paro educativo indefinido que ha arrancado el 14 de octubre, la acampada de Sol por el derecho a la vivienda y, cómo no, la huelga general convocada para el 11 de noviembre. Un periodo de luchas intenso, por tanto, en el que tenemos que volcarnos: los partidos de la izquierda parlamentaria parecen enfrascados en la enésima partida de mus electoral a la que nos tienen habituados, entre órdagos y golpes de efecto mediático, así que somos los movimientos sociales organizados quienes tendremos que dar la talla.

Hasta ahora, el grueso de las reivindicaciones universitarias que ha trascendido a la opinión pública tiene que ver con cuestiones económicas. Exigimos, es verdad, que la Comunidad de Madrid cumpla con lo que establece la ley estatal, a saber, que se destine el 1% del PIB regional a la financiación de las universidades públicas. Actualmente, incluso tras el vergonzante acuerdo al que llegó la Conferencia de Rectores de Madrid con Isabel Díaz Ayuso, nuestra Comunidad bordea el 0,45% del PIB, mientras que la media nacional se sitúa en el 0,75% y la media europea en el 0,92%. Es decir: pese a ser la región más rica del país, la Comunidad de Madrid es la que peor sufraga a sus universidades, condenándonos a la miseria, porque alberga el propósito de degradar el servicio público y privatizar masivamente el espacio de educación superior.

Sin embargo, hay otro elemento que nos preocupa mucho y que debería pasar a ocupar el centro de nuestras reivindicaciones. Desde hace años, el clima de represión que se vive en las universidades no ha hecho sino crecer. La protesta estudiantil se topa con dificultades constantes: los rectorados y los decanatos establecen normativas cada vez más restrictivas para la pegada de carteles o para la celebración de actividades convocadas por asociaciones estudiantiles, la presencia policial en los campus aumenta, las empresas de seguridad actúan cada vez con mayor arbitrariedad —reprimiendo actos de protesta o exigiendo identificaciones injustificadas—, los grupos fascistas tratan de amedrentar a las asociaciones estudiantiles y se afanan en sabotear los diferentes actos reivindicativos que se organizan en las universidades… En definitiva, vivimos en una atmósfera represiva que cada vez se va volviendo más espesa.

Ayer fue un día especialmente sangrante, porque hemos visto cómo un destacamento policial ha cargado de forma injustificada, salvaje y desproporcionada contra los estudiantes y trabajadores que se habían congregado en Ciudad Universitaria, ejerciendo el legítimo derecho de huelga. Las imágenes impresionan, aunque, tristemente, estamos empezando a naturalizar este tipo de actuaciones, porque se han convertido en la norma de los últimos años: el brutal empujón de un agente antidisturbios a una profesora jubilada en las movilizaciones de la Comunidad Valenciana, las cargas policiales contra las educadoras infantiles que se manifestaron hace meses frente a la Consejería de Educación, el ensañamiento contra las personas que se apostaron en la calle para parar el desahucio de Maricarmen… La lista de casos de brutalidad policial es infinita, porque no se trata de algo excepcional, sino normal. Lo preocupante de esto es que, como el filósofo Giorgio Agamben lleva años recordando,........

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