Mata al ‘influencer’ que quieres ser
Análisis Mata al ‘influencer’ que quieres ser
@BarcenillaLM @lubarcenilla.bsky.social
Parece una pregunta tonta e intrincada pero, ¿es posible ser espectadores de la caída de los influencers y seguir propiciando la caída de los influencers cuano la caída de los influencers necesita, al parecer, que dejemos de mirar, de contemplar, la lenta caída de los influencers? Si un árbol cae en medio del bosque y no hay nadie para escucharlo, ¿realmente hace ruido el árbol? Sí, ¿no? Y, al revés: si un influencer cae pero seguimos ahí para contemplar su caída, ¿ha caído de verdad? No hay ninguna razón para pensar que no sea así. Su caída no hará ruido porque precisamente es el momento de silencio el que lo revelará. La muerte de esta forma parasitaria del contenido en internet no será un acontecimiento, un espectáculo. La caída de los influencers no llegará cuando dejemos de scrollear sus ocurrencias y dramas, sino cuando ninguno de nuestros amigos quiera llegar a ser como ellos. Actualmente las encuestas y estudios hablan de que un 33% de los jóvenes en España quiere serlo. La tasa llega a ser de un 57% si se pregunta a la Gen Z.
La red de influencers está tejida a través de nodos-marca. Las marcas saben que todos queremos ser influencers así que ofrecen sus migajas a cambio de un minuto en el balcón de una audiencia hiperfragmentada, un nicho. Por ello, una misma marca puede ofrecerle el mismo producto y con un muy parecido coste a un macrocreador de contenido cuyo comportamiento linda con la manosfera y a una foodie de lo más blanda y “neutra”. Entonces, podría deducirse, la caída de los influencers no vendrá precedida de una ausencia de espectadores, como decíamos, o de un boicot de la mirada sino, más bien, de una gran renuncia al querer ser influencer. Eso sí, para que se produzca esa dimisión anticipada debe existir un periplo —probablemente largo— de señalamiento e impugnación alternado con momentos de repliegue en apoyo a esta “clase”.
A esta “clase” el sociólogo Norbert Elias la habría reconocido como cortesana porque su posición depende menos de lo que produce que de una competición permanente por mantener y aumentar su prestigio. El estatus lo fabrican los seguidores, da igual que sean bots comprados. El prestigio lo requieren las marcas, tiene que ver con el engagement y el tipo de colabos. El influencer es también el cortesano porque no le basta con tener una posición privilegiada, debe representarla continuamente. “Un duque debe construir su casa de tal suerte que esta proclame: yo soy un duque y no un simple conde”, como escribe Elias. La posición social necesita hacerse visible porque “la manera esencial de realizar un rango es documentarlo mediante una conducta adecuada a ese rango”. Como ejemplo, un bloguero chino se infiltró en 2020 entre “aspirantes a figuras de la alta sociedad en Shanghái” y se topó con protoinfluencers turnándose para usar medias de Gucci, bolsos Hermès y experiencias como un hotel para hacerse fotos y aparentar una vida de riqueza en redes. Parece ser que esas medias terminaron por contagiar a varias de ellas de hongos en los pies.
Un programa para un futuro sin influencers debería contemplar la eliminación del nombre, sancionar el prestigio si este se ha obtenido por acumulación de experiencias privativas o desacoplar el reconocimiento de la visibilidad
Hubo momentos y lugares en los que exhibirse demasiado constituía una falta de modestia; nuestro momento y lugar ha convertido la exhibición continuada en una profesión. En una etnografía de Pierre Bourdieu y Marie-Claire Brizard investigaron la práctica fotográfica en la aldea natal del reconocido sociólogo francés y concluyeron que hacerse fotografías y, sobre todo, exhibirlas demasiado podía considerarse una forma de ostentación y de pretensión individual. La fotografía se convertía en “sospechosa” de manifestar “la voluntad de distinguirse y de ascender socialmente”, lo cual violaba el ethos del grupo. El mandato de la “cultura influencer” está en las antípodas: diferénciate o, más bien, singularízate.
Puntos para un programa postinfluencers
Además de la objeción de conciencia a ser un futuro y virtual influencer, la concentración de la organización política o politización masiva podría tener su efecto en ese momento que va desde que los influencers tropiezan hasta que finalmente caen. Entre otros, el programa de ese futuro sin influencers debería abordar estos puntos: abandonar el nombre y pasar al anonimato; sancionar el “prestigio” si este se ha obtenido por acumulación de experiencias privativas para la mayoría y revalorizar la acción social como sistema de respeto mutuo; desmercantilizar el rostro, la intimidad o la agenda de teléfonos; conquistar el derecho a la invisibilidad; perseguir el cortoplacismo; erradicar la propiedad de la palabra, entendiendo que nadie inventa nada o, al menos, que nadie lo hace en soledad.
También habría que abolir la firma como principio de autoridad; sustituir el mérito por la contribución; especialmente importante sería desacoplar reconocimiento y visibilidad; desacreditar la........
