De la regularización a la organización
Opinión De la regularización a la organización
La reciente regularización de decenas de miles de personas migrantes en el Estado español constituye, sin duda, una buena noticia. Para quienes durante años han permanecido atrapadas en la economía sumergida, privadas de derechos y condenadas a una existencia administrativa invisible, obtener un permiso de residencia supone dejar de ser un fantasma para el Estado. Significa acceder a un empleo con mayores garantías, alquilar una vivienda o ejercer derechos que nunca deberían haber dependido de un documento. Toda ampliación de derechos para la clase trabajadora merece ser defendida.
Sin embargo, sería un error político detener ahí el análisis. La regularización es una conquista, pero no una solución. Es el comienzo de una tarea mucho más ambiciosa. La izquierda revolucionaria no puede conformarse con que una parte de quienes ayer eran consideradas “ilegales” pasen hoy a formar parte de la fuerza de trabajo legalmente explotable. La pregunta verdaderamente importante no es cuántas personas consiguen papeles, sino qué ocurre después. Porque el problema nunca ha sido únicamente administrativo; el problema sigue siendo quién posee el poder y quién soporta las consecuencias de un sistema económico construido para beneficiar a una minoría a costa del trabajo de la inmensa mayoría.
La migración no puede entenderse como una simple cuestión humanitaria. Forma parte del funcionamiento normal del capitalismo contemporáneo. Durante siglos, las potencias occidentales construyeron buena parte de su riqueza mediante el colonialismo, el saqueo de recursos y la subordinación económica de amplias regiones de África, Asia y América Latina. La independencia política nunca vino acompañada de una verdadera emancipación económica. Cambiaron las banderas, pero no las relaciones de dependencia. Allí donde antes gobernaban administraciones coloniales hoy lo hacen la deuda externa, los organismos financieros internacionales, los tratados comerciales desiguales o las grandes corporaciones multinacionales que continúan apropiándose de recursos y riqueza del Sur Global. Después nos preguntamos por qué millones de personas abandonan sus hogares.
La respuesta es bastante menos misteriosa de lo que algunos pretenden hacer creer. La inmensa mayoría de las migraciones contemporáneas son consecuencia de la pobreza, la guerra, el expolio económico o la ausencia absoluta de expectativas vitales. Nadie cruza el Mediterráneo en una patera por espíritu aventurero. Cuando una persona está dispuesta a jugarse la vida para cruzar una frontera es porque quedarse supone, muchas veces, un riesgo todavía mayor. El horizonte de la izquierda internacionalista no puede limitarse a facilitar procesos de regularización, sino aspirar a un mundo donde nadie tenga que abandonar su tierra para sobrevivir y donde cualquier persona pueda desplazarse libremente por decisión propia y no por necesidad.
El capitalismo jamás ha tenido un problema con la inmigración. Lo que le incomoda son las personas trabajadoras con derechos
Por eso resulta profundamente hipócrita escuchar determinados discursos sobre la “invasión migratoria”. El capitalismo jamás ha tenido un problema con la inmigración. Lo que le incomoda son las personas trabajadoras con derechos. Siempre ha necesitado mano de obra abundante, barata y vulnerable. Quien teme una deportación o perder su permiso de residencia acepta condiciones que difícilmente aceptaría quien puede acudir a un sindicato o denunciar a la empresa para la que trabaja. Básicamente, cuanto más miedo tengas, más rentable le resultas.
La irregularidad administrativa no constituye un fallo del sistema. Forma parte de su........
