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Nativistas de guardia: lo que Vox y Aliança Catalana comparten aunque finjan odiarse

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21.06.2026

Análisis Nativistas de guardia: lo que Vox y Aliança Catalana comparten aunque finjan odiarse

El 12 de mayo de 2024, al conocerse los resultados de las elecciones al Parlament de Catalunya, las redacciones de todo el país corrieron a buscar el dato más llamativo de la noche: Aliança Catalana había conseguido dos escaños. El partido de Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll, entraba en la cámara catalana con un discurso que combinaba la independencia de Catalunya con la expulsión de inmigrantes: la ultraderecha independentista había llegado al Parlament. Vox, la otra ultraderecha, ya llevaba tres años instalada allí, y cinco en el Congreso de los Diputados.

Dos partidos de extrema derecha sentados en la misma cámara, con banderas distintas y proyectos nacionales radicalmente opuestos, se miraban desde sus escaños como si fueran los enemigos naturales que sus electorados respectivos esperaban que fueran. Pero un estudio publicado este mes de junio por el Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS) de la Universitat Autònoma de Barcelona viene a complicar esa imagen. Vox y Aliança Catalana no se parecen tanto a dos adversarios irreconciliables como a dos productos distintos fabricados en la misma cadena de montaje.

La fábrica del nativismo

El nativismo —o la xenofobia—, es el pegamento ideológico que une a todas las formaciones de la llamada cuarta ola de la derecha radical europea, la que arrancó tras los atentados del 11-S, se intensificó con la crisis de refugiados de 2015 y lleva ya una década cosechando resultados electorales históricos en casi todos los países del continente. Su premisa es sencilla: los recursos, los servicios y los derechos deben ser para los “nacionales”, no para los “foráneos”. El Rassemblement National en Francia, el PVV en los Países Bajos, los Fratelli d'Italia: variantes de un mismo discurso adaptadas a cada contexto local.

Durante décadas se habló del “excepcionalismo ibérico”: España y Portugal, con sus dictaduras relativamente recientes, habrían desarrollado una especie de vacuna colectiva contra la extrema derecha. La vacuna empezó a caducar en 2018, cuando Vox obtuvo el 10% de los votos en Andalucía. Y en 2024 quedó definitivamente obsoleta cuando Aliança Catalana demostró que el nativismo —o el racismo—, también podía florecer dentro del independentismo catalán.

El análisis del ICPS, firmado por Javier Martínez Cantó y Julià Tudó Cisquella, disecciona los programas electorales de ambas formaciones para las catalanas de 2024 que se puede resumir así: una misma esencia con un envoltorio distinto.

El mismo argumentario, dos banderas

Empecemos por donde los dos partidos se........

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