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Simplemente 'Digger'

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04.10.2026

Opinión Simplemente 'Digger'

@reinohueco @reinohueco.bsky.social

@diegos_lgado @diegosalgado.bsky.social

Si la semana pasada escribíamos a propósito de la fantasía guerracivilista de Los Javis, La bola negra, que los espejismos de autoría cifrados en las ambiciones descontroladas, el fetichismo iconográfico y la hiperinflación expresiva de las imágenes no tenían más remedio que precipitar en un descarrilamiento, otro tanto cabe decir del octavo largometraje del cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu.

Los Javis e Iñárritu han forjado sus universos creativos, por supuesto, en coordenadas muy diferentes, por no decir antitéticas: las obras de los primeros representan esa figuración post-pop, metamoderna, que la investigadora Danielle Cruz ha vinculado con “un pastiche entre lo cool y lo kitsch, tanto más cool cuanto más kitsch, donde lo importante es el impacto, el glamour, (a fin de) conseguir ciertas reacciones emocionales”.

Iñárritu, por el contrario, se ve a sí mismo como un pensador en imágenes, un apasionado de la condición humana, aunque la impostura trasnochada de modernidad característica de sus primeras películas —de Amores perros (2001) a Biutiful (2010)—, que transmitía su creencia inicial, como nos explicaba en entrevista publicada hace cuatro años por Sofilm, en “una forma de realismo capaz de capturar la cotidianidad de personajes en observación, mi empeño en atrapar una verdad inmediata en la pantalla que abarcaba también el comentario social”, mutó a partir de El renacido (2015) en una aproximación al cine mucho más relativista.

Iñárritu, nos contaba, había decidido primar una subjetividad en los personajes, y en su propia posición como autor, traducida en espectáculos barrocos como Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (2014) y Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades........

© El Salto