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Colectivizar el sufrimiento en las aulas: una propuesta concreta

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09.05.2026

Opinión Colectivizar el sufrimiento en las aulas: una propuesta concreta

En los últimos años, la preocupación por la salud mental ha adquirido un lugar cada vez más central en las aulas. No obstante, su abordaje suele apoyarse, en gran medida, en un único marco, el biomédico. Intentar pensar el malestar desde otras perspectivas no siempre resulta sencillo y, a menudo, genera tensiones, miedos y rechazo.

En este contexto, ante el aumento de situaciones relacionadas con la salud mental en las aulas, las instituciones educativas —con frecuencia desbordadas— han desplegado mecanismos de respuesta que intentan garantizar la seguridad de los niñes. Sin embargo, en la práctica, estas estrategias tienden a sustentarse en lógicas represivas y de control: activación de protocolos, incremento de la vigilancia, burocratización de los procesos, derivaciones a servicios de salud mental, e incluso, en casos considerados límite, la intervención de servicios de emergencia y policía.

En la práctica, esto se traduce en procedimientos concretos. Por ejemplo, cuando aparece la sospecha de autolesión o ideación suicida en un alumne, el procedimiento suele seguir una secuencia clara. En primer lugar, se activa un protocolo que incluye un plan individualizado con medidas organizativas específicas. Muchas de ellas se centran en la supervisión constante en distintos espacios del centro —aulas, pasillos, recreos, entradas y salidas…— y en la limitación del acceso a posibles medios lesivos.

Posteriormente, se inicia una recogida sistemática de información junto a la familia y el propio estudiante, orientada a identificar señales de alerta, como el absentismo, “trastornos del estado de ánimo” o dinámicas familiares “disfuncionales”. En esta fase, además, se establecen derivaciones a servicios sociales, atención primaria y servicios de salud mental.

A partir de este punto, se articula un seguimiento coordinado entre el centro educativo, la familia y los servicios clínicos, que culmina en el registro formal de la evolución del caso o, en su defecto, en la valoración de medidas adicionales, como el cambio de centro.

Este esquema responde a una intención legítima, intervenir ante el sufrimiento y reducir riesgos. Pese a ello, cabe preguntarse: ¿a quién logra tranquilizar realmente? ¿A quiénes atraviesan ese malestar o a las propias instituciones que necesitan garantizar su funcionamiento cotidiano? ¿Estamos ante un modelo de atención al sufrimiento o ante un sistema que busca, principalmente, contener sus efectos visibles?

Lo que emerge en las aulas no es un fenómeno aislado, sino la expresión de tensiones sociales, económicas y culturales que atraviesan los territorios

Este modo de intervención no es neutro ni casual. En un contexto como el actual, de sobrecarga estructural del sistema........

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