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La batalla cultural de la ultraderecha (norte)americana

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05.08.2026

Análisis La batalla cultural de la ultraderecha (norte)americana

Una mirada rápida sobre el mapa político de América Latina muestra que la mayor parte de los países de la región, sobre todo los países andinos, han girado últimamente hacia la ultraderecha, precediendo o secundando a la elección de Donald Trump en Estados Unidos. Desde América Central hasta la Tierra del Fuego, prácticamente todos los países que recorre la cordillera de los Andes –y que suman una superficie conjunta de ocho millones de kilómetros cuadrados, equivalente a la de Brasil– han pasado a gobiernos con marcado sesgo derechista y, en casi todos los casos, decididamente ultraderechista. El proceso comenzó con la elección de Javier Milei en Argentina, pero se aceleró en los últimos meses con las elecciones de Bolivia, Chile, Perú y Colombia. En América del Sur, sólo Brasil y Uruguay se resisten a someterse a las políticas de seguridad coercitivas de los nuevos profetas del populismo ultraconservador.

Después de haber consolidado el poder de sus aliados de ultraderecha en el continente, influyendo en las elecciones nacionales a través del fraude o el encumbramiento y la financiación de sus candidatos, Estados Unidos invita a sus aliados a adoptar un preocupante arsenal jurídico basado en su nueva legislación antiterrorista, para que esos gobiernos puedan perseguir, reprimir y dado el caso exterminar abiertamente a los opositores. Un nuevo plan Cóndor de persecución de enemigos (antes llamados subversivos)que ahora sería aplicado a escala global. Y como los fantasmagóricos enemigos no son terroristas ni guerrilleros, sino izquierdistas democráticos, asociar las ideas de izquierda con la calificación de extremistas es el cóctel perfecto para recabar el apoyo de los grandes medios de manipulación de audiencias, empezando por los nuevos medios digitales.

¿Resurgimiento del Terrorismo Político?

El pasado 16 de julio Estados Unidos convocó a más de 60 países a una cumbre de alto nivel en Washington para coordinar con ellos –la lista completa se mantiene en secreto– su nueva estrategia antiterrorista. Dicha cumbre, denominada Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, contó con una representación de menor nivel del gobierno español, lo que sugiere que no todos los participantes compartirían a priori los planes de la Casa Blanca. La convocatoria institucional pretende legitimar internacionalmente la cruzada ideológica anticomunista que han lanzado Marco Rubio y el presidente Donald Trump.

El discurso inaugural lo pronunció el Secretario de Estado, Marco Rubio, alimentando fantasmas del pasado como las Brigadas Rojas o los Tupamaros, organizaciones extintas hace más de medio siglo, y confundiéndolas con entidades fantasmagóricas inventadas por la Administración Trump, como una supuesta red transnacional interconectada de “militantes de Antifa”, que como el fantasmagórico “Cartel de los Soles” nunca ha existido.

Una cruzada ideológica contra el conocimiento científico, la conciencia social y la insumisión; contra cualquier forma de organización colectiva que haga peligrar los privilegios de las élites políticas y económicas a través de la crítica. Batalla cultural contra nociones y conquistas largamente asentadas en la civilización occidental, tanto europea como latinoamericana: justicia social, libertad de expresión, respeto por las diferencias, debate político sosegado; todas ellas reemplazadas por sus opuestos: inequidad extrema, censura, homofobia y persecución de las minorías, disputa política exasperada. Cruzada religiosa (puritana) contra el ordenamiento social y los valores que históricamente propugnó la Iglesia católica con su doctrina social, adoptada por movimientos políticos latinoamericanos como el peronismo, para sustituirla por la ética reaccionaria del judaísmo sionista (Milei) o de las iglesias pentecostales (De la Espriella).

La batalla cultural que libran los extremistas de ultraderecha consiste en construir la trama simbólica de una nueva forma de dominación

El escritor estadounidense Quinn Slobodian define a la “derecha alternativa” o extrema derecha como “un intento de desarmar la obra del humanismo liberal igualitario de los últimos 200 años y restaurar un orden jerárquico”. El programa político de esa extrema derecha ultrarreligiosa que va tomando cuerpo a nivel global en Estados Unidos incluye, entre otras regresiones antidemocráticas, quitar el derecho al voto a las mujeres.

Esta mística oscura entronca directamente con la nueva clase dirigente de Estados Unidos, la de los tecno-oligarcas. Entre ellos Peter Thiel, fundador de PayPal y presidente de Palantir, quien aseguró en una conferencia que la activista por el clima Greta Thunberg es una “legionaria del anticristo”, al igual que quienes se oponen al desarrollo irrestricto de la IA. Thiel, que financió la campaña electoral del vicepresidente JD Vance, impartió en octubre de 2025 varias conferencias en las que combinó su apuesta tecnológica por la IA para uso militar con su búsqueda personal de alcanzar la inmortalidad y sus reaccionarias ideas religiosas.

No nos engañemos. La batalla cultural que libran los extremistas de ultraderecha consiste en construir la trama simbólica de una nueva forma de dominación, la de los señores tecno oligarcas que han conseguido cooptar a muchísimos gobiernos. Incluidos los de muchos países de la UE, que ya les permiten controlar el contenido de nuestras comunicaciones: datos, mensajes, fotos, vídeos y conversaciones. Y esto se hace con el consentimiento explícito del poder político a la mercantilización de nuestros datos, con el argumento de proteger a los menores en las redes sociales. La policía del pensamiento ha tomado forma, ya sea interceptando nuestras comunicaciones, ya sea restringiendo nuestra libertad de expresión al forzarnos a interiorizar las restricciones impuestas para no ser catalogados como “terroristas de extrema izquierda”.

El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció el nombramiento de una ex senadora uribista, Paola Holguín, como ministra de Cultura de su gobierno. Holguín posee una maestría en Seguridad y Defensa Nacional, y cursó estudios especializados en Política y Estrategia de Seguridad y en Terrorismo y Contrainsurgencia en el Centro de Estudios Hemisféricos de Seguridad y Defensa (CHDS) de la Universidad de Defensa en Washington. Con tales credenciales, además de su formación como “comunicadora social”, Holguín llevará adelante la batalla cultural en el terreno específico de la creación y el arte. Sus detractores ya anticipan que impondrá una férrea censura y comandará un dispositivo de persecución política de los creadores disidentes. Su labor complementará a la de una nueva ministra de Educación, Viviane Morales, cuyo objetivo manifiesto es la evangelización del país, inspirada en la idea reaccionaria de “reconstrucción moral de la patria” que formuló De la Espriella y que propugna un retorno a los valores tradicionales en las aulas.

Se levanta la veda a la persecución de “enemigos” políticos, concebidos según los parámetros del neoimperialismo extractivo y sus exigencias de control territorial y dominación social

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