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Palabra política, palabra mitológica y palabra profética: en torno a la encíclica Magnifica Humanitas

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17.08.2026

Opinión Palabra política, palabra mitológica y palabra profética: en torno a la encíclica Magnifica Humanitas

¿Qué hace que un discurso crítico tenga fuerza? ¿Quién tiene hoy legitimidad para hablar de lo común?

En varios artículos y entrevistas, el filósofo Bruno Latour, referencia en el activismo ecologista, elogió la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco “sobre el cuidado de la casa común, nuestra hermana, la tierra”. ¿Dónde residía para él su novedad, su potencia?

“Es una cuestión de estilo”, decía Latour. Es decir, no simplemente de mensajes o contenidos, sino también de forma, de tono, de ritmo. Seguramente podemos encontrar las ideas del texto en muchos libros del pensamiento crítico contemporáneo, pero la encíclica añadía algo más: “una potencia mitológica y profética”.

Buen conocedor de las cumbres internacionales sobre el clima, Latour constataba que el lenguaje político había perdido toda “virtud de convicción, de espiritualidad, de ímpetu, de voluntad”. Los diagnósticos y las recetas que surgían de las cumbres podían ser certeras, bien informadas, políticamente correctas y razonables, pero no movían a nadie a nada. Sin embargo, Laudato Si’, conjugando el clamor de la tierra y de los pobres, la crítica social y la crítica ecologista, fue capaz de “renovar la predicación apostólica en el interior mismo de la teología”, desbordando el ámbito de la Iglesia y de la comunidad de creyentes.

Creo que la misma apreciación de Latour puede aplicarse a Magnifica Humanitas de León XIV sobre los desafíos de la Inteligencia Artificial, y de ahí su resonancia global. Seguramente su fuerza no radique tampoco en la originalidad de sus tesis sobre la IA, que podemos leer diseminadas a lo largo y ancho de la teoría crítica más sofisticada del presente, sino en una cuestión de lenguaje. La potencia de una escritura no entendida meramente como vehículo o canal para “hacer pasar” mensajes y análisis correctos, sino por su capacidad de afectación, de interpelación, de llamamiento, de horizonte. Desde un lugar de enunciación colectivo, institucional e histórico como es la Iglesia.

La crítica se mueve en el registro antropológico-civilizatorio: lo que está en juego hoy desborda las luchas de poder y los asuntos de gestión, es una disputa entre concepciones de lo humano, la vida y el mundo. La IA se toma como piedra de toque: esta innovación tecnológica pone encima de la mesa preguntas radicales sobre la naturaleza humana, el trabajo, la escuela, la paz y la guerra, el futuro. Nos obliga a repensarlo todo de nuevo, ¿quién acepta el desafío?

Es un texto crítico pero quirúrgico, es decir, no hace condenas en bloque ni se regodea en la denuncia del mal, sino que anima a pensar la IA por detalles. ¿Quién financia, quién diseña, con qué valores? Es un texto no moralista sino estratégico que señala caminos y acciones posibles, que hace indicaciones y propuestas concretas, que dirige mensajes a sujetos y ámbitos particulares: el mundo del trabajo, de la investigación, de la escuela.

Es un documento político de primer orden, que aspira a una transformación individual y colectiva profunda, pero escrito paradójicamente en un lenguaje completamente despolitizado —o repolitizado por debajo de la política convencional—, sin referencias al eje izquierda/derecha, a la coyuntura, a las figuras y figurones de la política clásica. Un lenguaje cuidado y hermoso, lleno de imágenes poderosas, completamente accesible a cualquiera.

¿Qué es una “palabra profética”? Justamente una palabra que no se limita a “informar” a quien la escucha de tal o cual cosa, sino que pretende su transformación, su “conversión”

En esta elección de escritura hay una tesis fuerte sobre el presente: el problema principal no es la “derechización” de las masas, sino la “desorientación” de quienes quieren y pelean ya por construir algo distinto. A toda esa gente hoy huérfana, “artífices inconscientes y arquitectos desunidos” de otro mundo desde la vida cotidiana misma, la encíclica les ofrece una visión de conjunto, horizonte y coordenadas, enunciados e imágenes. Un mapa para prácticas dispersas, la tentativa de un nuevo “nosotros”.

Entonces, ¿qué es una “palabra profética”? Justamente una palabra que no se limita a “informar” a quien la escucha de tal o cual cosa, sino que pretende su transformación, su “conversión”. Una palabra que produce efectos de cambio, conmueve al lector, lo pone en movimiento, a través de un sistema de imágenes capaz de orientar y a la vez de activar las ganas de cambiarlo todo, empezando por uno mismo. ¿No es todo esto a lo que siempre aspiró la palabra política?

La palabra profética no sólo denuncia y señala los males del presente, sino que abre un horizonte distinto e imágenes para empezar a caminarlo. ¿Qué horizonte se abre en Magnifica Humanitas? Quisiera detenerme en tres desplazamientos que me parecen especialmente significativos: el pasaje de la regulación a la construcción, la disputa por la definición de lo humano y la propuesta de una “civilización del amor” frente al paradigma de guerra hoy imperante.

Babel y Nehemías, regulación y construcción

La IA, dice la encíclica de León XIV, es un ambiente en que estamos inmersos. En el que ya estamos inmersos. Está disuelta en mil procesos cotidianos de toma de decisiones: en la información, el trabajo, la educación, la salud, las finanzas. Esta descripción de la IA como “ambiente” es fundamental: no estamos ante una herramienta o un conjunto de herramientas que podamos usar así o asá, sino inmersos en un medio que nos modela, configurando y reconfigurando nuestra subjetividad.

Si la IA fuera simplemente una herramienta, el problema sería efectivamente regular su uso: establecer límites,........

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