El Territorio Cultural como Constructo Multidimensional
El territorio cultural constituye, ante todo, una categoría teórica que rehúye cualquier reducción a la mera extensión física del suelo. Desde esta perspectiva, Raffestin (2011) sostiene que "el territorio debe entenderse como el resultado de una acción conducida por un actor sintagmático que se apropia concreta o abstractamente de un espacio, territorializándolo" (p. 128), afirmación que desplaza el foco analítico desde la geometría hacia la agencia humana. En efecto, dicha apropiación no se limita a la posesión material, puesto que Giménez (2000) precisa que "el territorio constituye por sí mismo un espacio de inscripción de la cultura y, por lo tanto, equivale a una de sus formas de objetivación" (p. 93). De ese modo, el territorio deja de ser contenedor pasivo para transformarse en expresión activa de los valores y las cosmovisiones de quienes lo habitan.
Ahora bien, esta condición simbólica no excluye su dimensión material. Por el contrario, Haesbaert (2011) advierte que "el territorio envuelve siempre, al mismo tiempo, una dimensión simbólica, cultural, y una dimensión material, político-económica" (p. 65), de manera que ambas capas resultan indisociables en cualquier ejercicio de análisis. Asimismo, Santos (1996) enriquece esta lectura al señalar que........
