Los dioses de la calle y el teatro de la confrontación
La política de este país se ha trasladado definitivamente a las calles de Madrid, convertida en un inmenso plató de televisión donde los líderes de la oposición, adictos al aplauso fácil de la masa y esclavos de sus propios personajes de diseño, confunden el eco de las consignas con el clamor de una mayoría silenciosa. Creen, en su infinita soberbia, que reconducir el descontento social o asaltar unas elecciones es una tarea que se improvisa agitando banderas frente a los ministerios, coreando lemas testosterónicos y exhibiendo una calculada indignación para los informativos de la noche. Pero la realidad, tozuda e implacable, siempre termina por recordar tras las bambalinas que las manifestaciones masivas no llenan de forma automática las urnas de votos reales.
Es el mal endémico de este bloque: dirigentes atrapados en un pulso fratricida que convocan marchas ciudadanas no para plantear una alternativa viable de gobierno, sino para colapsar y neutralizar al rival que tienen justo al lado. Mientras unos escenifican un........
