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Moreno Bonilla abandona a los enfermos renales: la cara más cruel del deterioro sanitario en Andalucía

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15.02.2026

En Andalucía, ser enfermo renal no significa solo convivir con una enfermedad dura: significa enfrentarse a un gobierno que ha decidido mirar hacia otro lado. Bajo la gestión sanitaria de Moreno Bonilla, la hemodiálisis se ha convertido en un calvario marcado por esperas interminables, rutas imposibles y una carencia estructural de recursos. Lo que debería ser una prioridad absoluta de salud pública se ha transformado en el ejemplo más claro de un modelo que desmantela lo público para alimentar la privatización.

Las consecuencias están a la vista: rutas de transporte sanitario que duran media jornada, pacientes que aguardan hasta seis meses para ver a un nefrólogo, unidades funcionando al 120% de su capacidad y recortes sistemáticos en servicios esenciales como los taxis sanitarios. Es imposible no ver el patrón: se deja caer la sanidad pública mientras crecen los fondos dirigidos a clínicas privadas. Andalucía se está convirtiendo en un territorio donde enfermar es un castigo adicional y donde la pobreza amenaza con convertirse en una condena.

María, sevillana de 68 años con enfermedad renal crónica en estadio 4, lo resume sin matices: “Llevo cuatro meses esperando para que me vea el nefrólogo”. Su caso, lejos de ser una excepción, es la norma. Según la Federación Nacional ALCER, la espera media para una primera consulta nefrológica en Andalucía supera los 90 días, muy por encima de los 45 que se consideran clínicamente aceptables. En algunas provincias, la demora real alcanza los seis meses. Cada uno de esos meses implica algo muy concreto: pérdida irreversible de función renal, diagnósticos tardíos y complicaciones evitables.

La Sociedad Andaluza de Nefrología lo advierte con contundencia: “Cada mes de retraso en el diagnóstico significa un........

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