Ceuta, en la encrucijada de los grandes conflictos de nuestro tiempo
Los recientes acontecimientos de Ceuta, donde unos 70.000 inmigrantes cruzaron la frontera hacia territorio español, desbordando el operativo policial de control fronterizo, en un contexto en el que se ha denunciado, como mínimo, una actitud de pasividad, cuando no de permisividad, por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes, han abierto un amplio debate que, como suele ocurrir, una parte de la oposición española intenta circunscribir única y exclusivamente al ámbito de la política doméstica.
Sin embargo, tras este acontecimiento (una tragedia humana que ya se ha cobrado más de setenta vidas) se esconden cuestiones que trascienden por completo la política de un solo Estado. No hace falta recurrir a interpretaciones conspirativas o sostener que existe un movimiento coordinado entre gobiernos hostiles al Ejecutivo español (como pueden ser la Administración Trump, el gobierno extremista de Netanyahu en Israel o el Reino de Marruecos) con el propósito de provocar la caída de la coalición progresista que gobierna España desde 2018, para comprender la dimensión de lo sucedido.
Basta detenerse en los grandes temas que plantea esta tragedia para comprobar que España, y especialmente Ceuta, como territorio español situado en el continente africano, se encuentra en una auténtica encrucijada donde confluyen algunos de las cuestiones más importante del mundo actual, y éstas afectan a la política internacional y a los valores que imperan en nuestras sociedades.
El primero de ellos es la inmigración. El movimiento de personas que abandonan sus países de origen marcados por la pobreza, la falta de oportunidades, las guerras o la persecución política, buscando simplemente dar a sus familias un proyecto de vida digno.
Debería preocuparnos que esos movimientos sean de cada vez más masivos. Sin embargo, con demasiada frecuencia únicamente nos preocupa que, precisamente por su dimensión, los mecanismos de control y las fronteras sean desbordados, cuestionando la falsa sensación de seguridad que nos proporcionan las fronteras, esas líneas dibujadas sobre un mapa con las que pretendemos dividir el mundo en compartimentos estancos.
La salida masiva de personas desde América Latina hacia Estados Unidos y Europa; la marcha constante desde el Magreb, el Sahel o el África subsahariana hacia el continente europeo, alcanzando enormes dimensiones debería hacernos comprender que existe un profundo desequilibrio en nuestro mundo. Por supuesto, la gestión migratoria exige cauces regulares y garantías jurídicas, tanto desde el punto de vista del país de acogida como para garantizar la dignidad de los........
