Los playones del río Cesar
Después del banquete en la mesa de los Marín, debo reconocerles, en secreto de confesión, que hasta ese momento no conocía ninguna clase de pescado, salvo las sardinas enlatadas que vendían en la tienda del cachaco Darío o en el depósito de don Serafín Plata, en Bosconia. Pero esos pescados que iban directamente de la atarraya al caldero eran la primera vez que los probaba. Súmenle a eso la forma como sirvieron el almuerzo: sobre un........
