Pequeñas eternidades
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Aquel reloj fue un testigo silencioso del siglo XX. Sobrevivió a dos guerras mundiales, a crisis económicas, a revoluciones tecnológicas y, probablemente, también a miles de historias que nunca aparecerán en los libros. Quizá estuvo presente el día de una boda, marcó la hora del nacimiento de un hijo, acompañó una despedida en una estación de tren o permaneció inmóvil sobre una mesa mientras alguien recibía una noticia capaz de cambiarle la vida para siempre.
A veces me gusta imaginar el camino que recorrió hasta llegar a mis manos. Tal vez perteneció a un suizo que, ya anciano, acostumbraba sentarse cada tarde en un parque de Ginebra para mirar pasar la vida. Quizá, tras su muerte, pasó a manos de un hijo o de un nieto. Tal vez permaneció olvidado durante años en el fondo de un cajón hasta que alguien volvió a........
