La loba tiene hambre: Shakira devora Madrid en su delirante Disneyland latino
La loba tiene hambre: Shakira devora Madrid en su delirante Disneyland latino
La artista abrió ante 55.000 personas una histórica residencia de 12 conciertos con un espectáculo arrollador y un parque temático convertido en celebración de la cultura hispana
La cantante Shakira actúa durante el primer concierto de su residencia en España. / Europa Press
Shakira ha vuelto a Madrid con hambre. Ocho años después de su último concierto, la artista no ha regresado para recrearse en lo que fue ni para pasear sus grandes clásicos. Ha venido a morder. A demostrar que todavía puede tensar un estadio hasta dejarlo sin aire. Todo lo que ha vivido estos años, lo bueno y lo peor, ojo, le han servido de combustible. Y se nota. Hay artistas que administran su leyenda. Shakira, en cambio, está empeñada en seguir agrandándola. Anoche lo hizo con una exhibición descomunal, física y musicalmente afilada, en la que apenas concedió tregua a las 55.000 personas que se plantaron en el Iberdrola Music. Y lo más salvaje es que aquello no fue una despedida ni una fecha aislada. Era sólo el principio: el primero de los 12 conciertos que dará en la capital. La loba aulló. Y su manada enloqueció.
“No puedo creer que esté aquí. Así son los sueños. Esto una prueba del amor que me han dado durante tantos años. Les voy a dar lo mejor que tengo.”, gritó poniendo al público en efervescencia. Estuvo hipnótica. Desde que apareció no paró quieta. Cruzó el escenario de punta a punta, se retorció, golpeó el suelo y se dejó caer entre sus bailarines. Apenas hubo tregua entre canciones. Shakira enlazó coreografías con desfiles y guitarras con caderazos. Todo ocurría deprisa, pero nunca atropellado. Incluso los temas que llevan años petándolo encontraron una nueva vida dentro de este vértigo. Estoy aquí, por ejemplo, dejó de ser una postal de sus comienzos para convertirse en la prueba de cuánto camino ha recorrido. Inevitable, por su parte, desenterró a la rockera que la convirtió en fenómeno continental. Y, cuando tocó bajar el pulso, con Antología, supo hacerlo sin que la multitud se desenganchara. Ahí estuvo una de las virtudes de la velada: mantener la tensión durante dos horas y media sin perder fuelle. Shakira se adueñó de las tablas con una ferocidad que hizo parecer espontáneo hasta el gesto más ensayado.
Bailó como si tuviera una deuda pendiente con la........
