Andrea, 50 años, vive en una habitación de alquiler: "Comparto piso para poder darme algún capricho y no solo llegar a fin de mes"
Los mil rostros del 'boom'
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Una barcelonesa, en el piso que comparte en Barcelona, a sus 37 años. / ZOWY VOETEN
Hay veces en que hay que tomar decisiones drásticas, como elegir entre la independencia de un hogar unipersonal con todos los gastos que conlleva, o compartir domicilio para poder darse "algún capricho en lugar de pensar solo en llegar solo a fin de mes". Fue la tesitura a la que se vio abocada hace unos meses la barcelonesa Andrea N., con 50 años recién cumplidos. "Lo importante es que tus ingresos no se vayan solamente en la vivienda y los gastos básicos, si no que te permitan hacer cosas que te hagan feliz". Llegó a esa conclusión y pasó a residir con otra persona, una conocida, en un piso del Maresme, en el que paga 500 euros con gastos incluidos. Antes abonaba 850 por un micropiso en Barcelona, más suministros, de modo que cada mes era una carrera de resistencia. Es uno de tantos casos de convivencia de conveniencia.
Como muchas personas, Andrea vivió durante años en pareja, hasta que se separó hace una década y tuvo que replantear toda su economía doméstica. Primero residió unos meses en un piso compartido con desconocidos donde la pequeña habitación le proporcionaba sus "únicos momentos de intimidad". "Fue una mala experiencia", resume. Regresó un tiempo al hogar materno, pero por fin se hizo con un alquiler en solitario en el barrio de Sants, aunque a costa de una planificación de gastos estricta que le dejaba espacio para pocas alegrías. Ni para poder formarse en ámbitos en los que siempre ha estado interesada y a los que espera poder dedicarse a corto........
