Las grandes paradojas de la industria del libro
Tras un Sant Jordi de récord
Las grandes paradojas de la industria del libro
El mundo editorial vive un momento de colosales cifras de ventas, pero tras ellas asoma un negocio de márgenes ajustados y una larga cadena de valor
Ambiente en la 85ª Feria del Libro de Madrid, que se celebra estos días en el parque del Retiro. / Sergio Pérez
La industria del libro es un negocio de fuertes contrastes. Las masivas afluencias en grandes citas como Sant Jordi (con un nuevo récord este año de 26,7 millones de euros en impacto económico) y la actual Feria del Libro de Madrid (otra con cifras millonarias que se superan año tras año) se comparan mal con realidades como las que cuentan algunas librerías en redes sociales: el 41% de los libros que se publican no venden ninguna copia en librerías. Ninguna. Y del resto que sí venden en librerías, solo el 5,5% vende más de 100 copias.
Más contrastes. En España, un país que carga con el sambenito de que apenas se lee, se editan anualmente 87.542 títulos, casi 240 al día. Sin embargo, el volumen de negocio del sector apenas supera los 3.000 millones de euros (datos de 2024, últimos oficiales conocidos), de los que además menos de la mitad (unos 1.250 millones) proceden de la literatura; el resto es fundamentalmente libros de texto y técnicos. Para hacerse una idea, esos más de 1.000 millones (por supuesto, una cifra nada despreciable) los factura una sola empresa cárnica de nivel. "Está claro que 3.000 millones no es mucho. Este es un sector que vende a 20 euros la unidad", resalta una fuente que pide permanecer en el anonimato.
Y otro contraste más. En el reparto de la actividad comercial, el autor, el artesano que crea la materia prima, apenas recibe el 10% de las ventas de su obra, según coinciden en señalar distintos participantes en la industria. "Un 10% es injusto", sentencia el escritor oscense Manuel Vilas, autor de Ordesa, finalista del Premio Planeta en 2019 y ganador del Nadal en 2023. "Se juega con que para nosotros escribir es una necesidad existencial, porque si a un escritor le das el 5% va a escribir igual".
Esta necesidad existencial, a su vez, da lugar a otro contraste. Pese a las cifras, poco más de una decena de autores españoles pueden vivir exclusivamente de la literatura. Sin pretender hacer un ránking oficial, los nombres de estos privilegiados son los que cualquiera puede imaginar: Arturo Pérez-Reverte, Dolores Redondo, María Dueñas, Antonio Muñoz Molina, Irene Vallejo, Fernando Aramburu... "Yo sí vivo de mis libros y se lo agradezco muchísimo a mis lectores", explica Julia Navarro, periodista y autora de obras como La hermandad de la Sábana Santa, Dime quién soy y la reciente El niño que perdió la guerra, cuyas cifras de ventas se cuentan por millones de ejemplares.
¿Quiere esto decir que la industria editorial no es un negocio o que es un negocio solo para una parte de la cadena? Navarro pone sentido común: "Si esto no fuera un negocio, nadie editaría", resalta. En esta línea se pronuncia Vilas: "Yo creo que el modelo o la industria funciona en España. Permite que todo el mundo viva, la veo saneada".
Los matices los introducen el resto de los protagonistas de la cadena, empezando por las editoriales. El mercado está dominado por las dos grandes, Planeta y Penguin Random House, que controlan entre el 65% y el 75% de ese mercado de 3.000 millones antes mencionados, según datos aportados por las fuentes entrevistadas. Para poner en contexto ese dominio, Ofelia Grande, consejera delegada de Siruela, la editora que ha lanzado al mercado dos de los grandes superventas editoriales de los últimos años (La península de las casas vacías, de David Uclés, y El infinito en un junco, de Irene Vallejo), afirma: "Nosotros, cuando más grandes hemos sido, hemos llegado a tener solo el 1% del mercado".
Puede parecer una lucha desigual. Dos gigantes que controlan dos terceras partes del negocio y tienen capacidad para inundar el mercado con sus libros pueden imponer sus condiciones al resto de actores. Idoia Moll, directora de Alba Editorial (una firma especializada en "libros que el lector quiera coleccionar y se conviertan en objetos de deseo"), reflexiona que "la predominancia de los grandes grupos complica la labor de los sellos independientes que luchan por el espacio en las librerías". Pero la dificultad........
