Trabajar o vivir
La precariedad del mundo laboral nos ha llevado a considerar el trabajo como una maldición
Curioseando en una red social dedicada a asuntos profesionales, me ha atrapado el interesante relato de una mujer, próxima a los cuarenta años, en el que anunciaba que abandonaba su trabajo. “Hoy he apagado el ordenador y, con ese gesto, me he despedido”. Esas palabras con las que arrancaba su anuncio estimularon mi curiosidad.
Cuenta que “no ha sido una decisión fácil, aunque sí muy clara” y que llevaba “años con la idea en la cabeza”. La dificultad para tomar una decisión se debía a que no se trataba de un empleo cualquiera, sino de un trabajo vocacional, en el que había invertido “mucho esfuerzo y muchas horas”.
¿Qué ha pasado para tomar una decisión tan drástica?, se pregunta uno a estas alturas de la narración. La respuesta está en “una falta de estabilidad y unas condiciones laborales que, siendo honestos, no permiten construir el proyecto de vida que quiero y me merezco”. Unas condiciones, entiendo, que no hay vocación que resista.
“Llega un punto en el que no se trata solo de resistir, sino de cuidarse y buscar un camino que ofrezca equilibrio, dignidad y futuro”. La historia tiene un final agridulce. La mujer no podrá “ser aquello que quise ser desde que tengo uso de razón”, pero tiene un nuevo trabajo en otro sector diferente. “Me ilusiona ir a trabajar, saber que hay proyección dentro de la empresa y, muy importante, saber que a corto plazo voy a........
