La normalidad de las puertas abiertas
La normalidad de las puertas abiertas
Hubo un tiempo en que las llamadas puertas giratorias provocaban un escándalo inmediato. No era necesario demostrar delito alguno, bastaba la incomodidad moral de ver cómo quien había legislado ayer pasaba hoy a beneficiarse de aquello que ayudó a diseñar. Existía, al menos, una conciencia compartida de que algo no terminaba de encajar.
Hoy esa incomodidad se ha relajado, no porque el fenómeno haya desaparecido sino porque se ha integrado en el paisaje. Las puertas ya no giran, permanecen abiertas. Donde antes había reproche, ahora hay resignación. Se impone cierto escepticismo cansado, como si el ciudadano hubiese asumido que la frontera entre lo público y lo privado es, en el mejor de los casos, porosa. No se ha dejado de denunciar, pero se ha perdido la capacidad de transformación.
En sectores especialmente regulados, como el energético, esta dinámica resulta aún más visible. Las decisiones administrativas o las adjudicaciones no son solo actos técnicos, sino que configuran oportunidades económicas de........
