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¿Quién maneja la conversación democrática en la España que arde?

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17.08.2025

Albert Sáez

Director de EL PERIÓDICO

Director de EL PERIÓDICO

Soy periodista. Ahora en EL PERIÓDICO haciendo de director. También en Prensa Ibérica como Director General de Contenidos. Escribo de política, economía y comunicación.

Los bomberos tratan de sofocar un incendio en una construcción en la localidad de A Caridade, en el municipio de Monterrei (Ourense). Zamora y Ourense atraviesan horas críticas con incendios forestales que avanzan sin control, que en conjunto podrían haber quemado ya más de 50.000 hectáreas que han dañado pueblos y que mantienen desalojados a miles de vecinos de medio centenar de localidades. También siguen ardiendo otras zonas de España, como Castilla-La Mancha, Extremadura y la Comunidad Valenciana. EFE /Brais Lorenzo / Brais Lorenzo / EFE

Semana trágica para cientos de miles de españoles que han visto cómo se quemaban sus tierras de trabajo, su ganado, sus casas, sus paisajes y sus recuerdos. Arde la España de la que algunos medios de comunicación autodenominados nacionales, públicos y privados, no hablan casi nunca. Y demasiadas veces no saben de lo que hablan. Estos incendios, hasta cierto punto habituales desde que los mediterráneos tenemos memoria, se ven agravados por el calentamiento global y los calificados de “sexta generación” desbordan los mecanismos convencionales de extinción. Es el punto en el que el fuego adquiere vida propia y no se puede hacer casi nada más que perimetrar la superficie arrasada. El año pasado se demostró que ni una potencia tecnológica como Estados Unidos está preparada para hacerles frente. En el caso español, se han juntado el hambre con las ganas de comer. Como en tantos otros temas, la polarización se ha llevado por delante el respeto a las víctimas y un debate sereno sobre las necesidades de los afectados y los aprendizajes para el futuro. El Gobierno ha organizado una turba digital para culpar a los consejeros negacionistas de Vox de la tragedia antes de ponerse a trabajar en serio. Y el PP ha exhibido otro pim pam pum contra Sánchez y su falta de presupuestos. Ambas argumentaciones tiene una base factual, pero sobre la misma se podrían sustentar las tesis contrarias. En la política medioambiental pesa ese ecologismo académico que trata de enseñar a los lugareños cómo tienen que proteger lo que llevan milenios conservando. De la misma manera que las autonomías que han aprobado presupuestos se han dedicado a pulverizar lo que Vox llama los “chiringuitos de emergencias” de la izquierda WOKE.

El avance del fuego ha demostrado que el territorio es un continuo aunque se intente parcelar administrativamente y aunque las vías abiertas de comunicación no lo articulen. O mejor dicho, lo articulen tomando a Madrid como referencia. Las llamas se han extendido desde Cáceres hasta Ourense con muchas intermitencias. Si observamos cómo ha circulado la información sobre esta tragedia, comprobaremos que, salvo excepciones, los de Cáceres han sabido de lo que ocurría en Zamora pasando por el filtro informativo de Madrid que, con mayor o menor respeto a los hechos, acaba interpretando el episodio con una visión exótica del campo y un sesgo más ideológico que territorial. Lo que cuenta para explicar lo que pasa es el color político de los gobernantes y no las coincidencias en las condiciones de las víctimas o de los afectados. Todo debe encajar en el marco de la polarización como antes debía encajar en el del bipartidismo. En los años 70 del siglo pasado, la Unesco promovió un estudio sobre los flujos internacionales de la información. Lo que se conoció con informe McBride concluyó que las antiguas colonias sabían unas de las otras, aunque fueran colindantes, a través de las agencias informativas de sus antiguas metrópolis que interpretaban los conflictos desde la clave del mundo bipolar del momento. De manera que lo que sabían los marroquíes de los argelinos o estos de los tunecinos dependía de su vinculación al bloque occidental o al comunista y ese flujo de información se organizaba desde París.

Por mucho que triunfen los artilugios digitales, la principal red de información en España sigue siendo el Estado en sus diversas manifestaciones, desde la administración central hasta las pedanías. Pero las conexiones entre esos nodos son más de naturaleza partidista que institucional. Lo estamos viendo en la investigación de la DANA de València y lo hemos vuelto a ver esta semana. Y esta es una de las claves de la desarticulación de España. En demasiadas ocasiones, la puerta de acceso a la conversación pasa por el filtro ideológico como único indicador de pluralidad y deja fuera muchas voces que tienen cosas que decir y puntos de vista que aportar desde nodos que se consideran periféricos. “Una democracia es antes una conversación que unas elecciones”, afirma Harari. Y añade: “a medida que aumenta el porcentaje de personas que toman parte de la conversación, la red se vuelve más democrática”. Por ello en semanas como esta resulta relevante la aportación de un grupo periodístico como Prensa Ibérica que cada semana publica informaciones escritas desde 697 poblaciones distintas de España. No hay red más tupida con nodos de carne y hueso.

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