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Mi nombre es Jane Doe

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05.10.2026

Tápate más. No camines por ahí. No andes sola de noche. No vayas a cine sola con tus amigas. Ponte algo más largo. Está muy tarde; no es seguro. Mejor no tomes, no conoces a nadie. No te devuelvas sola. Revisa si alguien te está siguiendo. No te pongas audífonos en la calle, tienes que estar atenta. Recógete el pelo. Agarra las llaves entre los dedos por si acaso. No dejes tu vaso solo. No te sientes así. Anota la placa. Comparte tu ubicación.

Así me crie yo, y sin lugar a dudas así se criaron nuestras madres, hermanas, primas, amigas, vecinas e hijas. Desde el momento que nacemos, a las mujeres nos instalan una cajita en el cerebro llamada ‘herramientas para permanecer segura’, y en el instante que tenemos uso de razón, los sistemas que nos rodean empiezan a inundar esa cajita de información. De manera intuitiva, la sociedad nos adoctrina para creer firmemente que es nuestra responsabilidad absoluta prevenir toda remota posibilidad de maltrato, abuso y acoso. Desde muy pequeñas, tenemos una enorme carga mental de seguridad para siempre pensar una, dos y hasta tres veces antes de hablar, vestirnos, actuar, caminar, salir, bailar y vivir.

Tras los perturbantes eventos que salieron a la luz esta semana, siguiendo el caso de la presunta violación grupal a una estudiante de la Universidad de Cornell, siento la obligación como mujer de hablar y manifestarme al respecto. Sin embargo, quiero dejar muy claro que este caso no es una sorpresa. No es la primera vez que pasa. No es la primera vez que nos hierve la sangre a las mujeres por estas atrocidades. No es la primera vez que queremos pararnos a manifestarnos por nuestras........

© El País