La reverencia que valió más que un gol
La imagen es tremendamente poderosa y, quizás por ello, le dio la vuelta al mundo: la selección de Japón, con su técnico Hajime Moriyasu al lado, minutos después del pitazo final en el partido contra Brasil que los dejó por fuera del Mundial, buscó un lugar de la cancha para anotarse un ‘golazo’ que, quizás, no cambió el marcador, pero sí dejó una lección para la vida.
Entonces ocurrió el gesto que terminó de explicar la escena. Juntos, frente a su hinchada, hicieron el ojigi, una inclinación tradicional japonesa que convierte el cuerpo en el primer lenguaje cuando las palabras no alcanzan. Con la cabeza abajo, como una especie de venia, les dijeron a quienes habían cruzado el mundo para acompañarlos: gracias y, sobre todo, perdón.
La señal de gratitud, de reconocimiento y de aceptación al asumir la derrota fue aplaudida desde la tribuna y dio lugar a........
