Brillando con el alma rota
Cuando la inspiración, o al menos la motivación para escribir un editorial semanal, se ve desvanecida por las nubes de polvo que dejan los escombros y las ruinas de un desastre de proporciones incalculables —como el del 10 de agosto—, es el momento de solidificar la fe y convertir la esperanza en el objetivo. Hay que tener firmeza de sentimiento y serenidad de espíritu para aportar desde esta tribuna, con una columna empapada de congoja, que sume en momentos de tanta desolación y aturdimiento.
Alguna vez me regalaron un pin (broche), luego de que un buen amigo, en vista de una etapa difícil de mi vida, me invitara a unas sesiones muy edificantes de las cuales aprendí mucho; tanto, que hoy recuerdo ese tiempo y lo tomo como medida de reconstrucción y estímulo para esta nota. Aquel pin, debajo de la leyenda que hoy sirve como rótulo de lo que están leyendo, proponía un precioso versículo de la Biblia. Esta cita, contenida en el Salmo 46, es concluyente, porque nos exhorta a seguir a pesar de la adversidad; incluso «aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar».
Otras parábolas que considero oportunas y aplicables al valeroso acto de brillar con el alma rota están en los Salmos 34 y 42, y en la Segunda epístola a los corintios. Y aunque sobrevengan los cuestionamientos acerca del Poder Superior y su bondad, su capacidad de tutela y su aparente permisividad sobre los hechos naturales desastrosos, Dios es bueno y siempre lo será, así se hagan........
