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La era de los microempleados

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31.03.2026

Está jodido el panorama. La inteligencia artificial puede terminar definiendo una nueva etapa del mercado laboral: la era de los microempleados. Cada quien por su cuenta si quiere lograr ingresos suficientes para sostener una buena vida. No es lo justo. No es lo ideal. Pero es hacia donde estamos avanzando.

El emprendedor Matt Shumer publicó recientemente un artículo en el que plantea una idea incómoda: cualquier empleo que dependa de una pantalla está en riesgo de volverse obsoleto o, en el mejor de los casos, de ser reemplazado. Su advertencia va más allá de la tecnología. Dice que no estamos entendiendo la magnitud del cambio, como si estuviéramos viendo el iceberg demasiado tarde.

Lo que se nos está yendo sin despedirse es la previsibilidad. Durante décadas, la clase media organizó su vida alrededor de una idea simple: tener un empleo estable y recibir un ingreso mensual. La ecuación era clara. Una empresa contrataba, el trabajador cumplía una función y el salario llegaba cada mes. No garantizaba riqueza, pero sí una base para planear.

Esa base empieza a desaparecer. La inteligencia artificial no solo está cambiando tareas; está cambiando la estructura del trabajo. Cada vez es más viable que una empresa opere con equipos mínimos apoyados en software. Lo que antes requería diez personas hoy puede resolverse con tres o cuatro. En algunos casos, con una sola persona que coordina herramientas.

Eso deja dos escenarios. El primero es el de empresas más pequeñas y eficientes, con equipos reducidos produciendo lo mismo o más. El segundo es más incómodo: personas que ya no encuentran un espacio dentro de esas estructuras y tienen que producir por cuenta propia.

Ahí aparece una idea que empieza a tomar forma: menos microempresas y más microempleados. Personas que no montan una empresa tradicional, pero tampoco tienen un empleo estable. Individuos que generan ingresos resolviendo problemas específicos, por proyecto, por cliente o por demanda puntual.

La pregunta ya no es teórica. Es práctica: ¿cómo se construye un ingreso mensual en ese escenario? Un desarrollador que antes trabajaba en una empresa puede empezar a ofrecer soluciones específicas a varios clientes en lugar de depender de uno solo. Un diseñador puede vender servicios, plantillas o contenido a nichos concretos. Un contador puede manejar múltiples clientes apoyado en automatización, reduciendo tiempos y ampliando su base.

Eso no es cómodo. Implica más exposición, más competencia y más responsabilidad individual. No todos van a querer ese modelo, pero cada vez más personas van a enfrentarlo, quieran o no.

Porque la pregunta ya no es dónde trabajar. La pregunta es cómo generar ingresos en un entorno donde las empresas necesitan menos gente y el valor se desplaza hacia quien pueda resolver problemas de forma directa.

Ese es el cambio de fondo. No es el fin del trabajo. Es el fin del empleo como lo conocíamos. Y en ese escenario, la estabilidad no va a depender de una empresa. Va a depender de la capacidad de cada persona de construir, sostener y defender sus propios ingresos todos los meses.


© El Nuevo Siglo Bogotá