El país que heredarán nuestros hijos
Las elecciones que vienen este domingo producen algo más profundo y a menudo más decisivo que los números del escrutinio. Producen climas de ánimo, percepciones de fuerza, señales de poder. Y en política, la percepción de fuerza suele ser más influyente que la fuerza misma.
Imaginemos un primer escenario.
Este domingo la centroderecha envía un mensaje débil. Votaciones exiguas, candidatos elegidos con apenas algunos miles de votos, resultados fragmentados que muestran más dispersión que convicción. Umbrales que no alcanzan y que se traducen en el desperdicio de millones de votos que terminan fortaleciendo a la izquierda destructora.
El 8 de marzo, no solo se eligen congresistas y candidaturas únicas. También se instala una narrativa que podría ser la de una centroderecha cansada, dividida, sin músculo suficiente para disputar el poder. Esa sensación, que empieza como un comentario en la radio o en un titular de prensa, pronto se convierte en atmósfera política.
Cuando un sector parece débil, el adversario se........
