Brochas y puñales
Lo ocurrido frente a la casa del expresidente Álvaro Uribe Vélez no puede reducirse a la cómoda categoría de “hecho aislado” o “un mural pintado por la juventud”. Lo que vimos fue una agresión política en toda la dimensión de la palabra a 11 días de las elecciones.
Un grupo de militantes llegó hasta la residencia de un adversario ideológico para intimidar, insultar y marcar su hogar con grafitis injuriosos, aun sabiendo que en el lugar se encontraba sola su esposa. Ese detalle basta para comprender la gravedad moral del episodio. Nada de eso fue espontáneo. Nadie reúne personas, coordina desplazamientos, contrata buses, empaca navajas, selecciona consignas, moviliza cámaras y ejecuta una acción de intimidación política sin planificación previa. Alguien financió la pintura, las brochas, los aerosoles y quién sabe si hasta los mismos puñales que algunos portaban.
Este hecho retrata con crudeza el perfil de quienes participaron. Ningún ciudadano pacífico camina armado mientras invade el espacio privado de otro ser humano. El puñal, lejos de ser un accesorio estético, es un símbolo de........
