La Oración Patria en semana de oración
Pasada Semana Santa, semana de oración, quiero hacer un llamado a la fuerza pública y ciudadanía en general sobre nuestra oración, la Oración Patria, porque en el corazón de cada unidad militar y estación de policía, antes que el sol termine de imponerse sobre el horizonte, resuena un coro de voces que parece detener el tiempo, no es un himno guerrerista, es la Oración Patria.
Para un ciudadano distraído puede sonar a retórica de otros tiempos, pero para quienes visten el uniforme, estas líneas representan el contrato existente más exigente que un ciudadano pueda firmar con la Nación.
El origen de este credo no se encuentra en la frialdad de un decreto legislativo, sino en la víbrate oratoria de monseñor Pedro Pablo Galindo Méndez. El 1 de junio de 1928, en los antiguos cuarteles de San Diego en Bogotá, el “cura Galindo” pronunció unas palabras que, sin saberlo se convertirían en la guía espiritual y moral de la futura fuerza pública. Por esas calendas, las fuerzas armadas y la policía nacional se preparaban para enfrentar los desafíos del siglo XX.
¿Por qué la importancia a de estas palabras? La respuesta está en su mística y la permeabilidad en la doctrina de las instituciones, ante la figura de un cura que conoció el barro y el estruendo del combate, así como la problemática operatividad en todas las organizaciones militares y de policía, por haber acompañado las tropas en el conflicto del Perú. No obstante, su texto no invoca estrategias operativas ni de combate, sino una ambición más grande: el honor de ser colombiano.
Al declamarla los hombres y mujeres de la fuerza pública, y aun aquellos en retiro activo, no solo juran lealtad a una bandera, sino que aceptan una jerarquía de valores donde el sacrificio personal se subordina al orden colectivo.
Hoy, cuando el concepto de patriotismo suele ser manoseado por la polarización política, nuestra Oración Patria recupera vigencia, en sus versos se lee promesa de protección y declaración de pertenecía que trasciende gobiernos de turno. Es, en esencia, un recordatorio de que a la fuerza sin ética es mera violencia y que el servicio a la patria requiere una preparación espiritual tan rigurosa como la física y mental.
Sin embargo, el mayor desafío de esta oración no es su recitación de memoria, sino su ejecución en la práctica, de generación en generación. Llevar con honor el título de colombianos implica una integridad a prueba de tentaciones y respeto sagrado por la constitución que se juró defender. El “llegado el caso, morir por defenderte” no es invitación al martirio vacío, sino la máxima expresión de un compromiso aceptando que hay causas - como la libertad y la paz de un pueblo- que son superiores a la propia vida.
